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CAPÍTULO III. EL LEGADO DE SHAKESPEARE
Tragedias Comedias Obras Históricas
Conclusión
Bibliografía
PRÓLOGO.
Sin lugar a dudas una de las grandes figuras del teatro en el mundo entero es William Shakespeare, indudable maestro de la dramaturgia que a pesar de no contar con las herramientas que una universidad de la época proporcionaba –como lo señala la historia- logró dejar un legado importante y que perduraría para las generaciones futuras, un legado que sería indeleble y que el paso de los años no lograría difuminar ni mucho menos minimizar.
Cuando se habla de un personaje de la magnitud de Shakespeare es complicado, en cierto punto, encontrar la información que nos aporte cosas realmente interesantes. La información que está al alcance de nosotros es muchísima y seleccionar la adecuada resulta complicado. Nos topamos con algo curioso al querer descubrir más de él, pues a pesar de que, como ya lo dije, hay mucha información, muy pocos libros hablan del dramaturgo en forma biográfica, puesto que existen muchos mitos alrededor de la vida personal de Shakespeare; no obstante, logramos captar la esencia del dramaturgo en este trabajo.
Hablar de Shakespeare resulta siempre un tema interesante, pues a pesar de que se ha dicho mucho de él, lo importante de esta monografía es la forma en cómo nosotros aterrizamos toda esa información que nos fue proporcionada. Una tarea para nada sencilla, este viaje por la vida de este gran autor isabelino nos hace ver a Shakespeare con otros ojos, desde otra perspectiva, nos hace ver a un Shakespeare diferente, más transparente, único e irrepetible, el Shakespeare que dejo al mundo más que su obra una filosofía.
“No temáis a la grandeza; algunos naces grandes, algunos logran grandeza, a algunos la grandeza les es impuesta y a otros la grandeza les queda grande”. Shakespeare.
Juan Carlos Muñoz Chimal
INTRODUCCIÓN.
En el siguiente trabajo, se mostraran algunos de los puntos más interesantes y características esenciales de la vida y obra del gran dramaturgo Inglés William Shakespeare visto desde el punto de vista de varios autores.
William Shakespeare ha sido merecedor del interés y el acercamiento de los críticos hacia su obra, y las opiniones aunque divididas y diferentes convergen en una gran conclusión, el maravilloso ingenio de este gran dramaturgo ha dejado y seguirá dejando huella en la historia del drama y del teatro universal.
Tras el gran debate encarnizado entre los “stratfordianos” y los “antiestratfordianos” acerca de la autenticidad de la autoría de las grandes tragedias, comedias y sonetos de Shakespeare[1], yo tomo partido del lado de los Stratfordianos, puesto que si bien es cierto que Shakespeare no tuvo una educación de primer nivel, tampoco hace falta ser un experto conocedor del latín y del griego para ser talentoso.
Es un hecho que el conocer los clásico grecorromanos es un arma literaria muy fuerte para llegar a ser un gran dramaturgo; sin embargo, la grandeza de William shakespeare radica en el talento para crear belleza y genialidad en cada una de sus obras.
Una acusación de este tipo llega a ser injusta cuando no se conoce la obra de Shakespeare, quien no sólo ha dejado huella a través de su literatura, sino que se le ha considerado por los críticos más atrevidos como “el mejor dramaturgo de todos los tiempos”[2] Esta monografía ofrece información detallada que nos habla del autor, nos hable del hombre y nos habla del artista. Esta monografía es una mirada a su vida desde varios puntos de vista: quién fue, cómo fue y cómo llego a ser lo que ahora es. Shakespeare: vida y obra.
CAPÍTULO PRIMERO
WILLIAM SHAKESPEARE
Mito o realidad.
Si bien es cierto que la vida del gran genio inglés William Shakespeare no se encuentra documentada, gracias a la perdida de documentos de identidad y a la falta de información que documente la vida y obra de este gran dramaturgo, poeta, actor y empresario teatral.
Oscar René Cruz, nos comparte que si bien la vida de Shakespeare se nos ofrece sorprendentemente bien estructurada, y aun se habla de su intimidad con bastante certeza, la vida del genio se mantiene envuelta en el misterio. Vacíos que han dado motivo a una serie de especulaciones y a elaborar una biografía apócrifa aceptada a fuerza de repetirse, la falta de datos, por ejemplo, acerca de la educación del dramaturgo inglés. [3]
Roberto Ruíz en “Shakespeare: una mirada distinta” trata de apartar la realidad del mito, dando una mirada objetiva de lo que Shakespeare significó y significará para el teatro, él mismo, como lo dice, trata de olvidarse que está tratando con uno de los hombres más influyentes en la historia de la humanidad y trata de puntualizar en las cosas que mayor impacto e importancia pueden tener. Él mismo, enfatiza la idea extremista de que Shakespeare es para la dramat)rgia, lo que Jesucristo para el catolicismo, dándole así una mayor importancia. Orson Jones en “The past in the present: Shakespeare” (El pasado en el futuro: Shakespeare) nos dice que exponer la vida de un grande en ocasiones resulta más complicado de lo que parece, pues muchas veces, aunque sea difícil de creer, el que exista demasiada información resulta contraproducente, pues no es cosa sencilla diferenciar entre el mito y la realidad.
La mayoría de los autores que nos hablan acerca de Shakespeare e incluso aquellos que han dedicado su vida a estudiarlo, coinciden brindándonos la siguiente información acerca del mito sobre el cual se encuentra cimentada la biografía del genio.
Harley Granville y Harrison recrearon el mito biográfico donde se cuenta, que según la leyenda se da por seguro su repugnancia al estudio; que sus maestros le eran antipáticos y prefería vagabundear en plan de “cazador furtivo”; que de aprendiz de carnicero, destazaba res con “gran estilo”, precedida la operación por un discurso académico, y que huyó del hogar cuando la permanencia en Stratford se le hizo insoportable. Con semejantes fantasías se llegó a la conclusión de que era un personaje estrafalario y caprichoso, de pocos alcances y de vida oscura. Una curiosidad provocada por esas sombras, por un misterio perturbador quizá por su misma sencillez, hizo lanzarse a algunos análisis de teatro, en especial de sus sonetos. Los resultados señalaban, según ellos, la presencia de una marcada excentricidad y una evidente tendencia a dejarse dominar por las pasiones. Otros fueron más lejos, negándole la paternidad de sus obras.
Por fortuna, la devoción de eminentes investigadores ingleses y norteamericanos y sus cubrimientos, no interrumpidos todavía, han hecho posible la presentación a la generación presente una imagen más equilibrada, desprovista de figuraciones sin sentido. Como nos dice el chileno Tomás Contreras en “Reciclando a Shakespeare”; surge, pues, un hombre normal, no un campesino astuto de natural inspiración, ni un monstruo de sapiencia, y sí, por el contrario, un perspicaz hombre de negocios, buen administrador, y con la mira siempre atenta al porvenir de su familia; espíritu independiente, tanto en las relaciones con sus colegas, como en las sociales, y dominándolo todo, un escritor, un poeta muy a tono con la época para saber encontrar en el drama el medio ideal para poner a contribución su habilidad creadora y alcanza los máximos triunfos.
Shakespeare pone al teatro Isabelino al nivel del de la Atenas del siglo V, y de la España del Siglo de Oro, que se inspiraron en gustos y costumbres en la mentalidad popular, aun cuando el público se componía de toda la escala de las clases sociales. Estas obras de teatro nacidas de tan diversos ambientes, quizá no hayan alcanzado en conjunto un entero acento refinado, pero si reflejaban una visión más universal de la vida.
Con tan encontrados temas y elementos, lo que en verdad resulta admirable en el genio de Shakespeare es aquella atinada y segura elección de los argumentos empleados para el logro de una acabada realización artística y dramática en sus obras, usando de continuo los elementos familiares que le rodeaban, ofreciendo con sus elecciones y recreaciones sugerencias teatrales más ricas y fecundas que cuantas le había precedido. Dramas con un inconfundible sello personal que; sin embargo, poseían las cualidades precisas para ser gustados por los auditorios más di símbolos y aplaudidos tanto en los tablados públicos como en el teatro de la Corte. [4]
Los Mitos.
Existen muy pocos hechos documentados en la vida de William Shakespeare, Oscar René Cruz en “Biografía del genio Shakespeare” dice: “Se puede afirmar que Shakespeare nació en//Stratford-upon-Avon//, tercero de ocho hijos, en abril de //1564//, y que a la edad de 18 años se casó con //Anne Hathaway//, con quien tuvo tres hijos y murió el 23 de abril de //1616//, poco antes de cumplir los 52 años”.[5] “El único retrato de entre tantos” de Filiberto Gómez nos dice que nació en el seno de una familia humilde, siendo el tercero en una lista de ocho. Aunque de noble estirpe, su padre trabajó la mayor parte de su vida como carnicero, lo que no quitó que conservara el blasón familiar: un brazo empuñando una lanza. William trabajó en el matadero-carnicería desde muy joven, dedicándose con interés, al mismo tiempo, a la lectura. A los diecisiete años compuso su primera cuarteta. Esa misma noche conoció en una reunión de jóvenes amigos a Ana Hathaway, ocho años mayor que él, con la que se casaría poco después.
Acerca de su vida familiar antes y después de su matrimonio, estos dos autores coinciden en que fue el tercero de los ocho hijos que tuvieron John Shakespeare, un próspero comerciante que llegó a alcanzar una destacada posición en el municipio, y de Mary Arden, que descendía de una familia de abolengo.
Roberto Cortés, columnista de la pagina Ucraniana www.shakespeare.uk dramaturgo y traductor, publicó en una Biografía del poeta inglés que se cree nació cuando su familia vivía en la calle Henley de Stratford; no se conoce el día exacto, puesto que entonces sólo se hacía el acta del bautismo, el 26 de abril en este caso, por lo que es de suponer que naciera algunos días antes y no más de una semana, según era lo corriente. La tradición ha venido fijando como fecha de su natalicio el 23 de abril, festividad de San Jorge, tal vez por analogía con el día de su muerte, otro 23 de abril, en 1616, pero esta datación no se sustenta en ningún documento.
El padre de Shakespeare, que se encontraba en la cumbre de su prosperidad cuando nació William, cayó poco después en desgracia. Acusado de comercio ilegal de lana, perdió su posición destacada en el gobierno del municipio. William Shakespeare cursó probablemente sus primeros estudios en la escuela primaria local, la Stratford GrammarSchool, en el centro de su ciudad natal, lo que debió haberle aportado una educación intensiva en gramática y literatura latinas. A pesar de que la calidad de las escuelas gramaticales en el período isabelino era bastante irregular, existen indicios en el sentido de que la de Stratford era bastante buena, la asistencia de Shakespeare a esta escuela es mera conjetura, basada en el hecho de que legalmente tenía derecho a educación gratuita por ser el hijo de un alto cargo del gobierno local; no obstante, no existe ningún documento que lo acredite, ya que los archivos parroquiales se han perdido. En esa época la Grammar School estaba dirigida por John Cotton, maestro de amplia formación humanística y supuestamente católico, ahí se impartían enseñanzas desde los ocho hasta los quince años y la educación se centraba en el aprendizaje del latín, porque en los niveles superiores el uso del inglés estaba prohibido. Para fomentar la soltura en la lengua latina, prevalecía el estudio de la obra de Ovidio y de Virgilio, y de Esopo traducida al latín, autores estos que Shakespeare conocía.[6] Acerca de la vida de Shakespeare después de su matrimonio se saben muchas cosas, se tiene información sobre sus hijos, su vida productiva, y su desarrollo profesional incluyendo datos entorno a su vida productiva como dramaturgo, actor y director. Jennifer Basset nos dice, que el 28 de noviembre de 1582, cuando tenía 18 años, Shakespeare contrajo matrimonio con Anne Hathaway de 26, originaria de Temple Grafton, localidad próxima a Stratford. Dos vecinos de Anne, Fulk Sandalls y John Richardson, atestiguaron que no existían impedimentos para la ceremonia. Parece que había prisa en concertar la boda, tal vez porque Anne estaba embarazada de tres meses. Tras su matrimonio, apenas hay huellas de William Shakespeare en los registros históricos, hasta que hace su aparición en la escena teatral londinense. El 26 de mayo de 1583, la hija primogénita de la pareja, Susanna, fue bautizada en Stratford. Un hijo, Hamnet, y otra hija, Judith, nacidos mellizos, fueron asimismo bautizados poco después, el 2 de febrero de 1585; Hamnet murió a los once años, y solamente llegaron a la edad adulta sus hijas. A juzgar por el testamento del dramaturgo, que se muestra algo desdeñoso con Anne Hathaway, el matrimonio no estaba bien avenido.
Los últimos años de la década de 1580 son conocidos como los 'años perdidos' del dramaturgo, ya que no hay evidencias que permitan conocer dónde estuvo, o por qué razón decidió trasladarse de Stratford a Londres. Según una leyenda que actualmente resulta poco creíble, fue sorprendido cazando ciervos en el parque de Sir Thomas Lucy, el juez local, y se vio obligado a huir. Según otra hipótesis, pudo haberse unido a la compañía teatral //Lord Chamberlain's Men// a su paso por Stratford. Un biógrafo del siglo XVII, John Aubrey, recoge el testimonio del hijo de uno de los compañeros del escritor, según el cual Shakespeare habría pasado algún tiempo como maestro rural.[7]
En cuanto a la figura física del dramaturgo, se desconoce cuál de entre todos los retratos que existen de Shakespeare es el más fiel a la imagen del escritor, ya que muchos de ellos son falsos y pintados a posteriori a partir del grabado del First folio. La mayoría de los especialistas coinciden en que el llamado "retrato Chandos", que data de entre 1600 y 1610, en la National PortraitGallery, en Londres, se considera el más acertado. En él aparece el autor a los cuarenta años, aproximadamente, con barba y un aro dorado en la oreja derecha.
La Realidad
Si bien es cierto que existe escasa información documentada, se debe reconocer también el trabajo de todos los recopiladores y estudiosos de la vida del poeta, quienes han conjuntado esfuerzos para regalarnos una vasta información que nos permita conocer ampliamente no solo la vida productiva del autor como dramaturgo, sino llegar más a fondo contextualizándolo, para una mejor comprensión de su obra.
Acerca de su vida personal, su familia y su desempeño como actor y productor teatral Halliday nos comenta que hacia 1592 Shakespeare se encontraba ya en Londres trabajando como dramaturgo, y era lo suficientemente conocido como para merecer una desdeñosa descripción de Robert Greene, quien lo retrata como "un grajo arribista, embellecido con nuestras plumas, que con su corazón de tigre envuelto en piel de cómico se cree capaz de impresionar con un verso blanco como el mejor de vosotros"[], y dice también que "se tiene por el único sacude-escenas del país" .
En 1596, con sólo once años de edad, murió Hamnet, único hijo varón del escritor, quien fue enterrado en Stratford el 11 de agosto de ese mismo año. Hacia 1598 Shakespeare había trasladado su residencia a la parroquia de St. Helen, en Bishopsgate. Su nombre encabeza la lista de actores en la obra Cada cual según su humor (Every Man in His Humour), de Ben Jonson.
Pronto se convertiría en actor, escritor y finalmente, copropietario de la compañía teatral conocida como //Lord Chamberlain's Men//, que recibía su nombre, al igual que otras de la época de su aristocrático mecenas, el lord chambelán (//Lord Chamberlain//). La compañía alcanzaría tal popularidad que, tras la muerte de Isabel I y la subida al trono de Jacobo I, el nuevo monarca la tomaría bajo su protección, pasando a denominarse los //King's Men// ("Hombres del rey").
En 1604, Shakespeare hizo de casamentero para la hija de su casero. Documentación legal de 1612, cuando el caso fue llevado a juicio, muestra que en 1604, Shakespeare fue arrendatario de Christopher Mountjoy, un artesano calvinista del noroeste de Londres. El aprendiz de Mountjoy, Stephen Belott, tenía intenciones de casarse con la hija de su maestro, por lo que el dramaturgo fue elegido como intermediario para ayudar a negociar los detalles de la dote. Gracias a los servicios de Shakespeare, se llevó a efecto el matrimonio, pero ocho años más tarde Belott demandó a su suegro por no hacer entrega de la totalidad de la suma acordada en concepto de dote. El escritor fue convocado a testificar, mas no recordaba el monto que había propuesto.
Existen varios documentos referentes a asuntos legales y transacciones comerciales que demuestran que en su etapa londinense Shakespeare se enriqueció lo suficiente como para comprar una propiedad en Blackfriars y convertirse en el propietario de la segunda casa más grande de Stratford.
Shakespeare se retiró a su pueblo natal en 1611, pero se vio metido en diversos pleitos, como por ejemplo un litigio respecto al cercado de tierras comunales que si por un lado fomentaba la existencia de pasto para la cría de ovejas, por otro condenaba a los pobres arrebatándoles su única fuente de subsistencia. Como el escritor tenía cierto interés económico en tales propiedades, para disgusto de algunos tomó una posición neutral que sólo aseguraba su propio beneficio. En marzo de 1613 hizo su última adquisición en Londres, comprando por 140 libras una casa con corral cerca del teatro de Blackfriars, de cuya suma sólo pagó en el acto sesenta libras, pues al día siguiente hipotecó la casa por el resto al vendedor, y Shakespeare no hizo la compra a su solo nombre, sino que se asoció con William Johnson, John Jackson y John Hemynge, este último uno de los actores que promovieron la edición del First folio. El efecto legal de este procedimiento, según escribe el gran biógrafo de Shakespeare Sidney Lee, "era privar a su mujer, en caso de que sobreviviera, del derecho de percibir sobre esta propiedad el dote de viuda"; pero pocos meses después aconteció un desastre: se incendió el Teatro del Globo, y con él todos los manuscritos del dramaturgo, junto con su comedia //Cardenio//, inspirada en un episodio de //Don Quijote de La Mancha//; se sabe de esta obra porque el 9 de septiembre de 1653 el editor Humphrey Maseley obtuvo licencia para la publicación de una obra que describe como Historia de Cardenio, por Fletcher y Shakespeare; el citado Sidney Lee dice que ningún drama de este título ha llegado hasta nuestros días y que probablemente haya que identificarlo con la perdida comedia llamada Cardenno o Cardenna, que fue representada dos veces ante la Corte por la compañía de Shakespeare, la primera en febrero de 1613, con ocasión de las fiestas por el matrimonio de la princesa Isabel, y la segunda en 8 de junio, ante el embajador del Duque de Saboya, esto es, pocos días antes de incendiarse el teatro de El Globo.
En las últimas semanas de la vida de Shakespeare, el hombre que iba a casarse con su hija Judith — un tabernero de nombre Thomas Quiney — fue acusado de promiscuidad ante el tribunal eclesiástico local. Una mujer llamada Margaret Wheeler había dado a luz a un niño, y afirmó que Quiney era el padre. Tanto la mujer como su hijo murieron al poco tiempo. Esto afectó, no obstante, a la reputación del futuro yerno del escritor y Shakespeare revisó su testamento para salvaguardar la herencia de su hija de los problemas legales que Quiney pudiese tener.
Shakespeare falleció el 23 de abril de 1616, estuvo casado con Anne hasta su muerte y le sobrevivieron dos hijas, Susannah y Judith. La primera se casó con el doctor John Hall; sin embargo, ni los hijos de Susannah ni los de Judith tuvieron descendencia, por lo que no existe en la actualidad ningún descendiente vivo del escritor. [8]
Investigaciones recientes llevadas a cabo por científicos alemanes afirman que es muy posible que el escritor inglés padeciera de cáncer.[9]
Los restos de Shakespeare fueron sepultados en el presbiterio de la iglesia de la Santísima Trinidad de Stratford. El honor de ser enterrado en el presbiterio, cerca del altar mayor de la iglesia, no se debió a su prestigio como dramaturgo, sino a la compra de un diezmo de la iglesia por 440 libras (una suma considerable en la época). El monumento funerario de Shakespeare, erigido por su familia sobre la pared cercana a su tumba, lo muestra en actitud de escribir, y cada año, en la conmemoración de su nacimiento, se le coloca en la mano una nueva pluma de ave. Era costumbre en esa época, cuando había necesidad de espacio para nuevas sepulturas, vaciar las antiguas, y trasladar sus contenidos a un osario cercano, temiendo que sus restos pudieran ser exhumados, el propio Shakespeare compuso el siguiente epitafio para su lápida: Buen amigo, por Jesús, abstente de cavar el polvo aquí encerrado. Bendito sea el hombre que respete estas piedras, y maldito el que remueva mis huesos.[10]
CAPÍTULO SEGUNDO
LA VIDA PRODUCTIVA DEL DRAMATURGO
Cuando Shakespeare se inició en la actividad teatral, ésta se encontraba sufriendo los cambios propios de una época de transición. En sus orígenes, el teatro en Inglaterra era un espectáculo de tipo popular. Sus raíces se encuentran en la etapa medieval tardía en una triple tradición dramática: los "milagros " o "misterios", de temática religiosa y destinados a solemnizar las festividades de los diferentes gremios; las "obras morales", de carácter alegórico y representadas ya por actores profesionales: y los "interludios" cortesanos, piezas destinadas al entretenimiento de la nobleza.
Los nobles más destacados patrocinaban grupos de actores que llevaban sus nombres. Así surgieron, en la época isabelina, compañías como The Hundson Men (luego //Lord Chamberlain's Men//), //The Admiral's Men//, y //The Queen's Men//, entre las más relevantes. En ciertas ocasiones, estas compañías teatrales realizaban sus representaciones en el palacio de sus protectores aristocráticos. //The King's Men//, por ejemplo, después del apadrinamiento de la compañía por el rey Jacobo I, actuaban en la corte una vez al mes[]. Contar con el respaldo de un mecenas era fundamental para asegurar el éxito de la obra en el futuro.
Las obras se representaban al principio en los patios interiores de las posadas. Todavía en época de Shakespeare algunos de estos lugares continuaban acogiendo representaciones teatrales. Sin embargo, no resultaban muy adecuados para las representaciones, ya que a veces la actividad de la posada llegaba a dificultar las representaciones. Además contaban con la oposición de las autoridades, preocupados por los desórdenes y reyertas que allí se originaban, así como por las "malvadas prácticas de incontinencia" que allí tenían lugar. Estaba también en contra el factor de la higiene: la peste era muy frecuente y las reuniones multitudinarias no fomentaban precisamente la salud.
Por esos motivos fue surgiendo paulatinamente una legislación que regulaba la actividad teatral, y se fue haciendo más difícil conseguir licencias para realizar representaciones en las posadas. Esto propició la construcción de teatros fijos, más salubres, en las afueras de la ciudad, y la consolidación y profesionalización de la carrera de actor. El primer teatro, denominado //The Theatre//, se construyó en 1576. Más adelante se construyeron otros: //The Curtain//, //The Rose//, //The Swan// y //The Globe//. Este último, construido en 1599 y ubicado, como el resto, fuera de la ciudad, para evitar problemas con el Ayuntamiento de Londres, era el más famoso de todos, y fue el preferido de la compañía de la que formó parte William Shakespeare.
Todos estos teatros fueron construidos siguiendo el modelo de los patios de las posadas. Eran recintos de forma hexagonal u octogonal con un escenario medianamente cubierto que se internaba un poco hacia el centro de un arenal al aire libre circundado por dos o tres pisos de galerías. La plataforma constaba de dos niveles, uno a poco más de un metro respecto a la arena, techado y sujeto por columnas, y otro un poco más alto con un tejado en el que se ocultaba el aparato necesario para manejar la tramoya y maniobrar la puesta en escena. Podía llevar una bandera e incluso simular una torre. [11]
“Estos teatros tenían un aforo muy respetable. Se ha calculado, por ejemplo, que The Globe podía acoger a alrededor de 2.000 espectadores”.[12]
El oficio de autor dramático no estaba bien remunerado y todos los derechos sobre las obras pasaban a poder de las empresas que las representaban; por ello las obras sufrían con frecuencia múltiples refundiciones y adaptaciones por parte de varias plumas, no siempre diestras ni respetuosas, por no hablar de los cortes que sufrían a merced del capricho de los actores. El nombre del autor sólo se mencionaba (y frecuentemente con inexactitud) dos o tres años más tarde. Los escritores no disfrutaban, pues, del fruto de su trabajo, a menos que poseyeran acciones en la compañía, como era el caso de Shakespeare y otros dramaturgos que trabajaban conjuntamente y se repartían las ganancias.
Una de las características más importantes del teatro isabelino, y del de Shakespeare en particular es la multitud de niveles en las que giran sus tramas. Lo trágico, lo cómico, lo poético, lo terreno y lo sobrenatural, lo real y lo fantástico se entremezclan en mayor o menor medida en estas obras. Las transiciones entre lo melancólico y lo activo son rápidas y, frecuentemente, se manifiestan a través de duelos y peleas en escena que debían de constituir una animada coreografía muy del gusto de la época. [13] Aunque no se conoce con exactitud la fecha de composición de muchas de las obras de William Shakespeare, su carrera literaria se suele dividir en cuatro periodos: 1) antes de 1594; 2) entre 1594 y 1600; 3) entre 1600 y 1608; y 4) desde 1608. Dada la dificultad para fechar con exactitud sus obras, estos periodos son aproximativos y están basados en que el autor extraía los temas de sus obras de crónicas de su tiempo, así como de cuentos y narraciones ya existentes, tal y como era costumbre en aquellos años.
Wilson Dover en su libro “El verdadero Shakespeare” divide el trabajo artístico del dramaturgo en cuatro importantes períodos. PERIODO PRIMERO Se caracterizó fundamentalmente por la experimentación. Sus primeras obras teatrales, al contrario de lo que ocurrió con sus obras de madurez, poseían un alto grado de formalidad y, a menudo, resultaban un tanto predecibles y amaneradas. Probablemente, sus primeras obras fueron cuatro dramas que tenían como trasfondo los enfrentamientos civiles en la Inglaterra del siglo XV, un estilo muy popular en la época. Estas cuatro obras, Enrique VI, Primera, Segunda y Tercera parte (hacia 1590-1592) y Ricardo III (hacia 1593), tratan de las funestas consecuencias que para el país tuvo la falta de un liderazgo fuerte y de un proyecto nacional, debido al egoísmo de los políticos de la época. El ciclo se cierra con la muerte de Ricardo III y la subida al trono de Enrique VII, fundador de la dinastía Tudor, a la que pertenecía la reina Isabel. En cuanto a estilo y estructura, contienen numerosas referencias al teatro medieval y otras a las obras de los primeros dramaturgos isabelinos, en especial Christopher Marlowe, a través de los cuales conoció las obras del dramaturgo clásico latino Séneca. Esta influencia, que se manifiesta en sus numerosas escenas sangrientas y en su lenguaje colorista y redundante, especialmente perceptible en Tito Andrónico (hacia 1594), una tragedia poblada de justas venganzas, que posee una puesta en escena muy detallista. Durante este primer periodo escribió numerosas comedias, entre las cuales cabe resaltar La comedia de las equivocaciones (hacia 1592), una divertida farsa que, imitando el estilo de la comedia clásica latina, basa su interés en los errores de identidad que provocan dos parejas de gemelos y los equívocos que se producen respecto al amor y a la guerra. El carácter de farsa ya no resulta tan evidente en La doma de la bravía (hacia 1593), una comedia de caracteres. Por otro lado, Los dos hidalgos de Verona (hacia 1594) basa su atractivo en el uso del amor idílico, mientras que Trabajos de amor perdidos (hacia 1594) satiriza los amores de sus personajes masculinos, así como su entrega a los estudios con el fin de no caer en las redes del amor. El modo en que están construidos sus diálogos ridiculiza el estilo artificial y redundante del novelista y dramaturgo John Lyly, las convenciones cortesanas de la época y, quizá, también las discusiones científicas de Walter Raleigh y sus seguidores.[14]
PERIODO SEGUNDO En este periodo, marcado por una profundización en su individualidad como autor teatral, escribió algunas de sus obras más importantes relacionadas con la historia inglesa y las denominadas comedias alegres, así como dos de sus mejores tragedias. Entre las primeras cabe destacar Ricardo II (hacia 1595), Enrique IV,Primera y segunda parte (hacia 1597) y Enrique V (hacia 1598), que cubren un periodo de tiempo inmediatamente anterior al de su Enrique VI. La primera es un estudio alrededor de la figura de un débil, sensible y teatral, aunque agradable rey que pierde su reino en manos del que sería Enrique IV. En las dos partes de Enrique IV, éste reconoce sus culpas y expresa sus temores sobre su hijo, que le sucederá con el nombre de Enrique V, temores que se demuestran infundados porque éste demuestra una gran responsabilidad y sentido moral sobre sus deberes como monarca. En una magistral alternancia de escenas serias y cómicas, el obeso caballero Falstaff y el rebelde Hotspur ponen de manifiesto los dos extremos entre los que el príncipe encontrará el equilibrio. La introducción, en distintas proporciones, de elementos trágicos y cómicos para expresar amplios espectros de caracteres se convertiría en uno de los recursos favoritos del autor inglés. Entre las comedias de este periodo sobresale Sueño de una noche de verano (hacia 1595), una obra plagada de fantasía en la que se entremezclan varios hilos argumentales centrados respectivamente en dos parejas de nobles amantes, en un grupo de despreocupados cómicos y en una serie de personajes pertenecientes al reino de las hadas, entre los que se encuentran Puck, el rey Oberón y la reina Titania. En El mercader de Venecia (hacia 1596), por otro lado, se puede encontrar otra sutil evocación de atmósferas exóticas similar a la de la obra anterior. En ella aparecen retratadas las cualidades renacentistas de la amistad viril y el amor platónico que se oponen a la amarga falta de humanidad de un usurero llamado Shylock, cuyas desdichas terminan despertando la comprensión y la simpatía del público. El tipo de mujer de ingenio rápido, calidez y responsabilidad personificado en Porcia reaparecería, más adelante, en las comedias alegres del segundo periodo, mientras que, por el contrario, la ingeniosa comedia Mucho ruido y pocas nueces (hacia 1599) deforma, según la opinión de muchos críticos, en el tratamiento un tanto insensible, a los personajes femeninos. Sin embargo, las comedias de madurez Como gustéis (hacia 1600) y Noche de Epifanía (hacia 1600) se caracterizan por su lirismo, su ambigüedad y por el atractivo de sus bellas, encantadoras e inteligentes heroínas. En Como gustéis, Shakespeare describe el contraste entre las refinadas costumbres de la corte isabelina y las de las áreas rurales del país de un modo rico y variado, aunque no excesivo, y construyó una compleja trama argumental basada en las relaciones entre la realidad y la ficción y entre los distintos personajes, trama que utilizó para comentar las distintas debilidades del género humano. En este sentido, Como gustéis se asemeja a Noche de Epifanía, en la cual el lado cómico del amor aparece ilustrado por las desventuras de dos parejas de amantes rodeadas de numerosos personajes secundarios que actúan como comparsas cómicos. Otra de las comedias de este segundo periodo, Las alegres comadres de Windsor (hacia 1599), es una farsa sobre la vida de la clase media en la cual reaparece el personaje de Falstaff como víctima cómica. Dos grandes tragedias, muy distintas entre sí por su naturaleza, marcan el comienzo y el final de este segundo periodo. Por un lado, Romeo y Julieta (hacia 1595) muy famosa por su poético tratamiento de los éxtasis amorosos juveniles, pone en escena el trágico destino de dos amantes, forjado por la enemistad de sus familias y por lo temperamental de sus propios caracteres. Por el otro, Julio César (hacia 1599) es una tragedia sobre la rivalidad política, muy intensa, aunque en menor medida que las tragedias posteriores.[15]
PERIODO TERCERO En él, el dramaturgo inglés escribió sus mejores tragedias y las llamadas comedias oscuras o amargas. Las tragedias de este periodo son las más profundas de todas sus obras y aquellas en las que la poesía de la lengua se convierte en un instrumento dramático, capaz de registrar las evoluciones del pensamiento humano y las distintas dimensiones de una situación dramática. Hamlet (hacia 1601), su obra más universal, va más allá de las otras tragedias centradas en la venganza, pues retrata de un modo escalofriante la mezcla de gloria y sordidez que caracteriza la naturaleza humana. Hamlet siente que vive en un mundo de engaños y corrupción, sentimiento que le viene confirmado por el asesinato de su padre y la sensualidad desenfrenada de su madre. Estas revelaciones le conducen a un estado en el que los momentos de angustia e indecisión se atropellan con frenéticas actuaciones, situación cuyas profundas razones continúan hoy siendo motivo de distintas interpretaciones.
PERIODO CUARTO Comprende las principales tragicomedias románticas. Hacia el final de su carrera, el dramaturgo inglés creó numerosas obras en las que, a través de la intervención de la magia, la piedad, el arte o la gracia, sugiere con frecuencia la esperanza en la existencia de una redención para el género humano. Estas obras están escritas, por lo general, con una gravedad que las aleja de las comedias de los periodos anteriores, pero suelen tener finales felices en forma de reuniones o reconciliaciones. Estas tragicomedias basan parte de su atractivo en el carácter exótico y alejado en el tiempo de los escenarios en los que se desarrollan, y resultan mucho más simbólicas que cualquiera de las obras anteriores de su autor. Para muchos críticos literarios, las tragicomedias shakesperianas representan un giro de tuerca más en el desarrollo creativo del autor, aunque otros opinan que se debieron sólo a cambios acaecidos en las modas teatrales de la época. La tragicomedia romántica Pericles, príncipe de Tiro (hacia 1608), retrata a un personaje abatido por la pérdida de su esposa y por la persecución de su hija. Tras innumerables y exóticas aventuras, el desagraciado Pericles consigue reunirse por fin con ambas. En Cimbelino (hacia 1610) y El cuento de invierno (hacia 1610), los personajes soportan también grandes sufrimientos aunque al final consiguen la felicidad. La más lograda, quizá, de las creaciones derivadas de este peculiar punto de vista sea la última de las obras que consiguió completar y aquella en la que alcanzó las más altas cimas de lirismo poético, La tempestad (hacia 1611), una tragicomedia a través de cuyo desenlace se pueden comprender los beneficiosos efectos de la alianza entre la sabiduría y el poder. En esta obra, Próspero, duque de Milán, expulsado de su reino por su hermano y condenado al exilio en una lejana isla, utiliza sus poderes mágicos para confundir al usurpador de su ducado y crear una relación de amor entre su propia hija, Miranda, y el hijo del rey de Nápoles, cómplice del golpe de Estado. Dos obras finales, el drama histórico Enrique VIII (hacia 1613) y Los dos nobles caballeros (hacia 1613 y publicada en 1634), la historia de dos jóvenes caballeros enamorados de una dama, atribuidas a Shakespeare, parecen ser más bien fruto de su colaboración con John Fletcher.[16]
CAPÍTULO TERCERO
EL LEGADO DE SHAKESPEARE
Como ya es sabido, la falta de información acerca de la obra de William Shakespeare complica el estudio cronológico de su producción literaria, y es que de acuerdo al contexto donde se desarrolló el autor era difícil poder documentar, diversos aspectos de la vida cotidiana; sin embargo, los especialistas han realizado investigaciones minuciosas acerca de la cronología de la obra dramática de Shakespeare organizándola de acuerdo al genero y año de producción de la obra.
Jean Paris, en su obra “Shakespeare visto por si mismo”, nos informa acerca de la primera compilación de la obra dramática de Shakespeare y nos dice que ante la falta de manuscritos hológrafos y de fechas precisas de composición, se hace muy difícil el establecer una cronología bibliográfica shakesperiana. El First Folio, que reagrupa la mayor parte de su producción literaria, fue publicado por dos actores de su compañía, John Heminges y Henry Condell, en 1623, ocho años después de la muerte del autor. Este libro dividía su producción dramática en Historias, Comedias y Tragedias, y de él se hicieron 750 copias, de las que han llegado a nuestros días la tercera parte, en su mayoría incompletas. Gracias a esta obra se conservó la mitad de la obra dramática del autor, que no había sido impresa, pues Shakespeare no se preocupó en pasar a la historia como autor dramático. El First Folio recoge exclusivamente obras dramáticas (no se encuentra en la edición ninguno de sus poemas líricos), en número de 36: 11 tragedias, 15 comedias y 10 obras históricas. No incluye algunas obras tradicionalmente atribuidas a Shakespeare, como las comedias //Pericles// y Los dos nobles parientes, ni la obra histórica //Eduardo III//. Mientras que en el caso de Pericles, parece bastante segura la participación de Shakespeare, no ocurre lo mismo con las otras dos obras, por lo que el número de títulos incluidos en el canon shakesperiano oscila, según las versiones, entre las 37 y las 39.[17] A continuación presentamos una compilación de la producción dramática del genio ingles organizada de acuerdo al genero, tragedias, comedias y obras históricas extraídas de la obra “Shakespeare: Orden y Caos” del autor español Miguel Ángel Conejero.
Tragedias
Al igual que muchas tragedias occidentales, la de Shakespeare suele describir a un protagonista que cae desde el páramo de la gracia y termina muriendo, junto a una ajustada proporción del resto del cuerpo protagónico. Se ha sugerido que el giro que el dramaturgo hace del género, es el polo opuesto al de la comedia; ejemplifica el sentido de que los seres humanos son inevitablemente desdichados a causa de sus propios errores o, incluso, el ejercicio irónicamente trágico de sus virtudes, o a través de la naturaleza del destino, o de la condición del hombre para sufrir, caer, y morir..." En otras palabras, es una representación con un final necesariamente infeliz”.
Shakespeare compuso tragedias desde el mismo inicio de su trayectoria: una de las más tempranas fue la tragedia romana de //Tito Andrónico//, siguiendo unos años después //Romeo y Julieta//. Sin embargo, las más aclamadas fueron escritas en un período de siete años entre 1601 y 1608: //Hamlet//, //Otelo//, //El rey Lear//, //Macbeth// (las cuatro principales), y //Antonio y Cleopatra//, junto a las menos conocidas //Timón de Atenas// y //Troilo y Crésida//. Muchos han destacado en estas obras al concepto aristotélico de la tragedia: que el protagonista debe ser un personaje admirable pero imperfecto, con un público capacitado para comprender y simpatizar con él. Ciertamente, cada uno de los personajes trágicos de Shakespeare es capaz de ejercer el bien y el mal. La representación siempre insiste en el concepto del libre albedrío; el (anti)héroe puede degradarse o retroceder y redimirse por sus actos. El autor, en cambio, los termina conduciendo a su inevitable perdición. A continuación se listan las tragedias completas de Shakespeare, ordenadas según la fecha aproximada de su composición:
Entre las características esenciales de la comedia shakesperiana encontramos la vis cómica, la dialéctica de un lenguaje lleno de juegos de palabras, el contraste entre caracteres opuestos por clase social, sexo, género o poder (un ejemplo representativo sería La fierecilla domada, también traducida a veces como La doma de la bravía); las alusiones y connotaciones eróticas, los disfraces y la tendencia a la dispersión caótica y la confusión hasta que el argumento de la historia desemboca en la recuperación de lo perdido y la correspondiente restauración en el marco de lo natural. El panorama de la comedia supone además la exploración de una sociedad donde todos sus integrantes son estudiados por igual de forma muy distinta a cómo es vista la sociedad en sus obras históricas, montadas sobre la persecución maquiavélica del poder y el trastorno del orden cósmico divino que el rey representa en la tierra. Como galería de tipos sociales la comedia es, pues, un espacio más amplio en Shakespeare que el trágico y el histórico y refleja mejor la sociedad de su tiempo, si bien también resalta en este campo el talento del autor para crear personajes especialmente individuados, como el bufón y arquetipo de lo sanchopancesco llamado Falstaff.
Si bien el tono de la trama es con frecuencia burlesco, otras veces se encuentra latente un inquietante elemento trágico, como en El mercader de Venecia. Cuando trata temas que pueden desencadenar un trágico desenlace, Shakespeare trata de enseñar, a su modo habitual, sin tomar partido, proponer remedios ni moralizar o predicar en absoluto, los riesgos del vicio, la maldad y la irracionalidad del ser humano sin necesidad de caer en la destrucción que aparece en sus tragedias y deja a la Naturaleza el orden restaurador y reparador.
Los finales de las comedias son, por lo general, festivos y placenteros. Debe tenerse en cuenta que el lenguaje vulgar y de doble sentido, así como la magnitud de diversos puntos de vista, los cambios de suerte y el trastorno de las identidades, aportan un ingrediente infaltable que suele estar acompañado de sorprendentes coincidencias. La parodia del sexo, el papel del disfraz y el poder mágico de la naturaleza para reparar los daños y heridas ocasionados por una sociedad corrupta y sedienta de codicia son elementos trascendentes en la comedia shakesperiana.
El hombre cambia totalmente su forma de pensar y de actuar al refugiarse en lo salvaje y huir de la civilización, prestándose al juego de oposiciones. Cabe destacar, por último, que la esfera social que Shakespeare utiliza en sus obras, es quizás algo más reducida que la que encontramos en la mayoría de las comedias.
Tal como se ha dicho antes, el bufón —que era un personaje muy popular en la corte de la época— es el elemento inquebrantable sobre el cual el dramaturgo se siente más libre de expresar lo que piensa, teniendo en cuenta que las opiniones de una persona con estas características nunca eran consideradas como válidas —excusa perfecta para explayarse.
Se estima que la fecha de composición de las comedias de Shakespeare ha de girar en torno a los años 1590 y 1611, como punto de partida y culminación de su labor como escritor. La primera y menos elaborada fue Los dos hidalgos de Verona, seguida de El mercader de Venecia, Mucho ruido y pocas nueces, Como gustéis, El Cuento de Invierno, La tempestad, y otras tantas que se enumeran a continuación: //A buen fin no hay mal principio//
Es importante dejar en claro que La tempestad junto a Cuento de invierno (1609), Cimbelino (1610) y Pericles (1607) son consideradas por muchos fantasías poéticas (romance), dado que poseen características que las diferencian del resto de las comedias.
Obras históricas
En el First Folio se clasifican como "obras históricas" exclusivamente las relacionadas con la historia, relativamente reciente, de Inglaterra. Otras obras de tema histórico, como las ambientadas en la antigua Roma, o incluso //Macbeth//, protagonizada por un auténtico rey de Escocia, no se clasifican en este apartado. Son once en total (o diez, si se excluye Eduardo III, modernamente considerada apócrifa). La fuente utilizada por el dramaturgo para la composición de estas obras es bien conocida: se trata de las Crónicas de Raphael Holinshed.
A continuación se ofrece una lista de estas obras ordenadas según la fecha aproximada de su composición //Eduardo III// (The Reign of King Edward III; compuesta entre 1590 y 1594; publicada (anónimamente) en 1596).
//Enrique VI// Primera parte (The First Part of King Henry the Sixth; compuesta hacia 1594. Su primera edición conocida es la del First Folio.) Segunda parte (The Second Part of King Henry the Sixth; compuesta hacia 1594. Su primera edición conocida es la del First Folio.) Tercera parte (The Third Part of King Henry the Sixth; compuesta hacia 1594. Su primera edición conocida es la del First Folio.)
//Ricardo III// (The Tragedy of King Richard the Third; compuesta hacia 1594; publicada en 1597).
//Ricardo II// (The Tragedy of King Richard the Second; compuesta hacia 1595; publicada en 1597).
//Enrique IV// Primera parte (Henry IV, Part 1; compuesta hacia 1596; publicada en 1597 ó 1598) Segunda parte (Henry IV, Part 2; compuesta hacia 1597; publicada en 1600)
//Enrique V// (Henry V; compuesta hacia 1597-1599; la primera edición conocida es la del First Folio).
//El rey Juan// (The Life and Death of King John; compuesta probablemente hacia 1597, ya que hay datos de su representación en 1598. Su primera edición conocida es la del First Folio).
//Enrique VIII// (The Famous History of the Life of King Henry the Eighth; compuesta en 1613; la primera edición conocida es la del First Folio).
Existen serias dudas sobre la autoría de la primera de la lista, Eduardo III. De la última, Enrique VIII, se cree que fue escrita en colaboración con John Fletcher, quien sustituyó a Shakespeare como principal dramaturgo de la compañía King's Men.
Ocho de estas obras están agrupadas en dos tetralogías cuyo orden de escritura no coincide con el orden cronológico de los acontecimientos históricos reflejados. La primera de estas tetralogías está formada por las tres dedicadas al reinado de Enrique VI (1422-1461), junto con la consagrada al ambicioso y terrible Ricardo III (que reinó en el período 1483-1485). Todas ellas fueron compuestas con toda probabilidad entre 1590 y 1594.
La segunda tetralogía, formada por Ricardo II, las dos partes de Enrique IV y Enrique V, retrocede en el tiempo. Se centra en los reinados de Ricardo II (1377-1399), Enrique IV (1399-1413) y Enrique V (1413-1422). Todas estas obras fueron compuestas en el período 1594-1597.
Habida cuenta de que gran parte del público era analfabeto, estas obras representaban una buena forma de comunicar la historia y fomentar, consecuentemente, el patriotismo y el amor por la cultura inglesa, así como de inculcar un sentimiento de rechazo hacia las guerras civiles. Además de brindar entretenimiento, las obras históricas reafirmaban y justificaban el poder de la monarquía ante quienes pudieran poner en cuestión su legitimidad. En el teatro de Shakespeare, el rey, como en la obra dramática de Lope de Vega, es el representante del orden cósmico en la tierra. Esto es lo que más tarde analizarían académicos de la talla de Greenblatt, centrándose en el discurso imperante y en la capacidad del teatro isabelino para asentar la autoridad real, mantener el orden y desalentar la subversión.
Dada la dependencia de las compañías teatrales con respecto de sus patrocinadores aristocráticos (y, en el caso de The King's Men, de la autoridad real), es lógico que se escribieran y representaran obras protagonizadas por personajes histórico pertenecientes a la nobleza y relevantes en la historia de Inglaterra. Es el caso de Enrique V, vencedor en la batalla de Agincourt de las tropas de Francia, la sempiterna rival de Inglaterra. Retomando hechos históricos destacados, obviando derrotas y exagerando el heroísmo de la victoria estas obras lograban que se acrecentase la devoción popular hacia la corona.
En los comienzos de la dramaturgia shakesperiana, la finalidad era legitimar la autoridad de la dinastía Tudor, entronizada en 1485, precisamente tras el derrocamiento de Ricardo III, uno de los personajes más abominables del teatro shakesperiano. La subida al trono de los Tudor había despertado ciertos recelos, tanto debido a su origen galés como a lo problemático de sus derechos al trono (aparentemente, Enrique VII, primer monarca de la dinastía, fundamentaba sus derechos en ser descendiente de la princesa francesa Catalina, viuda de Enrique V, que se volvió a casar unos años más tarde con Owen Tudor, un noble galés poco influyente en el ámbito de la monarquía nacional.)
No obstante, existen críticos que opinan que las obras históricas de Shakespeare contienen críticas veladas hacia la monarquía, disimuladas para evitar posibles problemas con la justicia.[18] La Critica acerca de la vida y obra del gran dramaturgo ingles, esta dividida gracias a la falta de documentación en torno al contexto histórico y social de la época, y sobre todo la falta de información biográfica acerca de el mismo Shakespeare, sobre el cual, a pesar de que sabemos muchas cosas, muchas no las sabemos con certeza; sin embargo, ningún detalle acerca de cualquier punto en la escasez de información nos hace dudar acerca de la grandeza y genialidad de William Shakespeare.
CONCLUSIÓN. Shakespeare no vive en el pasado, su legado lo mantiene vivo, su recuerdo lo materializa en la vida de todos aquellos que adentran en la dramaturgia, y aunque existen otros cientos de miles que no fijaron su vista en el por su dramaturgia, que lo descubrieron sin querer, que lo investigaron bajo obligación; encontraron en él no al poeta, no al artista, no al ser humano, encontraron en el un gran e importante pedazo de la historia universal. Concluyendo esta monografía sobre William Shakespeare podemos concluir que la vida de Shakespeare y todo lo que nos ofreció, artísticamente hablando, nunca podremos comprender la compleja y sutil dramaturgia Shakesperiana, comprenderla del todo, pues siempre existirán cosas que exijan mayor objetividad y otras que no podrán ser tomadas en cuenta. Antes veíamos a Shakespeare como un dramaturgo más, un producto literario como cualquier otro, sin embargo, ahora lo podemos ver desde otro panorama, como un dramaturgo completo y complejo, como aquel hombre que le brindó al teatro una brillante aportación y riqueza dramática. Es Shakespeare la máxima figura del teatro isabelino, es Shakespeare un genio de la dramaturgia, un maestro de las letras, una mente brillante, que aunque se ha visto expuesto a la duda, después de un trabajo como este hay lugar para todo, menos para ésta. Es Shakespeare un genio en el arte de la elocuencia que nos ha brindado un legado lleno de belleza. Digno de respeto y admiración. No hay que ir tan lejos para ver que una figura tan grande como él pudo hacer lo que muchos no logran aunque se lo propongan, repercutir y tener impacto no sólo dentro de su entorno, sino más allá. Para quien gusta de la dramaturgia o del teatro mismo, una vida sin Shakespeare no sería la misma, una vida sin él sería un limbo, un misterio; pues sin esa mente fabulosa que, si bien no nos dio de manera primaria una obra, nos dejó historias que fueron más allá del papel mismo, historias que convirtieron letras en sucesos, en historias, en recuerdos. Shakespeare fue, es y será una figura única e irrepetible en la historia de la dramaturgia y el teatro universal.
Citando a Ben Jonson concluyo con una frase que resume tanto: “Shakespeare no era de una época, sino de todas las épocas”.
BIBLIOGRAFÍA. BASSET, Jennifer. The life and times of William Shakespeare. Oxford : Oxford University Press, 1994, c1993. 214 pp.
[1]Véase la polémica que tuvieron al respecto los Stratfordianos y los antistratfordianos. GUARDADO, Alejandro. //http://www.shakespeare-online.com///html.stratfordianos23. 28 de Febrero de 2008.
[2]GRANVILLE-BARKER H. et al.Shakespeare. Buenos Aires, Argentina, Emecé, 1952, 256 pp.
[3]CRUZ O., Oscar René.Biografía del genio Shakespeare. México, Publicaciones Cruz, 1982. pp 100-120. [4]GRANVILLE-BARKER H. et al.Shakespeare. Buenos Aires, Argentina, Emecé, pp. 135-150.
[7] Basset, Jennifer. The life and times of William Shakespeare. Oxford : Oxford University Press, 1994, c1993. pp. 23-24. [8]HALLIDAY, F.E. Shakespeare. Barcelona, España, 1984, Editorial Salvat, pp 92 Y 96. [9]VON KLISSMAN, Karl Peter. www.wshakespeare.al/life.n.invest.html34.6j, 01 Marzo de 2008. [10] HALLIDAY, F.E. Shakespeare. Barcelona, España, 1984, Editorial Salvat, pp 98-115. [11]KNIGHT,Wilson, Shakespeare y sus obras. México, D. F.: 1979, Fondo de Cultura, pp. 135-137.
[12] PEREZ, Cándido. Shakespeare y la política. Madrid, España, 1971, Editorial Narcea, p.p. 300.
[13]KNIGHT,Wilson, Shakespeare y sus obras. México, D. F.: 1979, Fondo de Cultura, pp. 140-145.
Mito o realidad
Los mitos
La realidad
- CAPÍTULO II. LA VIDA PRODUCTIVA DEL DRAMATURGO
Periodo primeroPeriodo segundo
Periodo tercero
Periodo cuarto
Tragedias
Comedias
Obras Históricas
PRÓLOGO.
Sin lugar a dudas una de las grandes figuras del teatro en el mundo entero es William Shakespeare, indudable maestro de la dramaturgia que a pesar de no contar con las herramientas que una universidad de la época proporcionaba –como lo señala la historia- logró dejar un legado importante y que perduraría para las generaciones futuras, un legado que sería indeleble y que el paso de los años no lograría difuminar ni mucho menos minimizar.
Cuando se habla de un personaje de la magnitud de Shakespeare es complicado, en cierto punto, encontrar la información que nos aporte cosas realmente interesantes. La información que está al alcance de nosotros es muchísima y seleccionar la adecuada resulta complicado. Nos topamos con algo curioso al querer descubrir más de él, pues a pesar de que, como ya lo dije, hay mucha información, muy pocos libros hablan del dramaturgo en forma biográfica, puesto que existen muchos mitos alrededor de la vida personal de Shakespeare; no obstante, logramos captar la esencia del dramaturgo en este trabajo.
Hablar de Shakespeare resulta siempre un tema interesante, pues a pesar de que se ha dicho mucho de él, lo importante de esta monografía es la forma en cómo nosotros aterrizamos toda esa información que nos fue proporcionada. Una tarea para nada sencilla, este viaje por la vida de este gran autor isabelino nos hace ver a Shakespeare con otros ojos, desde otra perspectiva, nos hace ver a un Shakespeare diferente, más transparente, único e irrepetible, el Shakespeare que dejo al mundo más que su obra una filosofía.
“No temáis a la grandeza; algunos naces grandes, algunos logran grandeza, a algunos la grandeza les es impuesta y a otros la grandeza les queda grande”. Shakespeare.
Juan Carlos Muñoz Chimal
INTRODUCCIÓN.
En el siguiente trabajo, se mostraran algunos de los puntos más interesantes y características esenciales de la vida y obra del gran dramaturgo Inglés William Shakespeare visto desde el punto de vista de varios autores.
William Shakespeare ha sido merecedor del interés y el acercamiento de los críticos hacia su obra, y las opiniones aunque divididas y diferentes convergen en una gran conclusión, el maravilloso ingenio de este gran dramaturgo ha dejado y seguirá dejando huella en la historia del drama y del teatro universal.
Tras el gran debate encarnizado entre los “stratfordianos” y los “antiestratfordianos” acerca de la autenticidad de la autoría de las grandes tragedias, comedias y sonetos de Shakespeare[1], yo tomo partido del lado de los Stratfordianos, puesto que si bien es cierto que Shakespeare no tuvo una educación de primer nivel, tampoco hace falta ser un experto conocedor del latín y del griego para ser talentoso.
Es un hecho que el conocer los clásico grecorromanos es un arma literaria muy fuerte para llegar a ser un gran dramaturgo; sin embargo, la grandeza de William shakespeare radica en el talento para crear belleza y genialidad en cada una de sus obras.
Una acusación de este tipo llega a ser injusta cuando no se conoce la obra de Shakespeare, quien no sólo ha dejado huella a través de su literatura, sino que se le ha considerado por los críticos más atrevidos como “el mejor dramaturgo de todos los tiempos” [2]
Esta monografía ofrece información detallada que nos habla del autor, nos hable del hombre y nos habla del artista. Esta monografía es una mirada a su vida desde varios puntos de vista: quién fue, cómo fue y cómo llego a ser lo que ahora es. Shakespeare: vida y obra.
CAPÍTULO PRIMERO
WILLIAM SHAKESPEARE
Mito o realidad.
Si bien es cierto que la vida del gran genio inglés William Shakespeare no se encuentra documentada, gracias a la perdida de documentos de identidad y a la falta de información que documente la vida y obra de este gran dramaturgo, poeta, actor y empresario teatral.
Oscar René Cruz, nos comparte que si bien la vida de Shakespeare se nos ofrece sorprendentemente bien estructurada, y aun se habla de su intimidad con bastante certeza, la vida del genio se mantiene envuelta en el misterio. Vacíos que han dado motivo a una serie de especulaciones y a elaborar una biografía apócrifa aceptada a fuerza de repetirse, la falta de datos, por ejemplo, acerca de la educación del dramaturgo inglés. [3]
Roberto Ruíz en “Shakespeare: una mirada distinta” trata de apartar la realidad del mito, dando una mirada objetiva de lo que Shakespeare significó y significará para el teatro, él mismo, como lo dice, trata de olvidarse que está tratando con uno de los hombres más influyentes en la historia de la humanidad y trata de puntualizar en las cosas que mayor impacto e importancia pueden tener. Él mismo, enfatiza la idea extremista de que Shakespeare es para la dramat)rgia, lo que Jesucristo para el catolicismo, dándole así una mayor importancia.
Orson Jones en “The past in the present: Shakespeare” (El pasado en el futuro: Shakespeare) nos dice que exponer la vida de un grande en ocasiones resulta más complicado de lo que parece, pues muchas veces, aunque sea difícil de creer, el que exista demasiada información resulta contraproducente, pues no es cosa sencilla diferenciar entre el mito y la realidad.
La mayoría de los autores que nos hablan acerca de Shakespeare e incluso aquellos que han dedicado su vida a estudiarlo, coinciden brindándonos la siguiente información acerca del mito sobre el cual se encuentra cimentada la biografía del genio.
Harley Granville y Harrison recrearon el mito biográfico donde se cuenta, que según la leyenda se da por seguro su repugnancia al estudio; que sus maestros le eran antipáticos y prefería vagabundear en plan de “cazador furtivo”; que de aprendiz de carnicero, destazaba res con “gran estilo”, precedida la operación por un discurso académico, y que huyó del hogar cuando la permanencia en Stratford se le hizo insoportable. Con semejantes fantasías se llegó a la conclusión de que era un personaje estrafalario y caprichoso, de pocos alcances y de vida oscura. Una curiosidad provocada por esas sombras, por un misterio perturbador quizá por su misma sencillez, hizo lanzarse a algunos análisis de teatro, en especial de sus sonetos. Los resultados señalaban, según ellos, la presencia de una marcada excentricidad y una evidente tendencia a dejarse dominar por las pasiones. Otros fueron más lejos, negándole la paternidad de sus obras.
Por fortuna, la devoción de eminentes investigadores ingleses y norteamericanos y sus cubrimientos, no interrumpidos todavía, han hecho posible la presentación a la generación presente una imagen más equilibrada, desprovista de figuraciones sin sentido. Como nos dice el chileno Tomás Contreras en “Reciclando a Shakespeare”; surge, pues, un hombre normal, no un campesino astuto de natural inspiración, ni un monstruo de sapiencia, y sí, por el contrario, un perspicaz hombre de negocios, buen administrador, y con la mira siempre atenta al porvenir de su familia; espíritu independiente, tanto en las relaciones con sus colegas, como en las sociales, y dominándolo todo, un escritor, un poeta muy a tono con la época para saber encontrar en el drama el medio ideal para poner a contribución su habilidad creadora y alcanza los máximos triunfos.
Shakespeare pone al teatro Isabelino al nivel del de la Atenas del siglo V, y de la España del Siglo de Oro, que se inspiraron en gustos y costumbres en la mentalidad popular, aun cuando el público se componía de toda la escala de las clases sociales. Estas obras de teatro nacidas de tan diversos ambientes, quizá no hayan alcanzado en conjunto un entero acento refinado, pero si reflejaban una visión más universal de la vida.
Con tan encontrados temas y elementos, lo que en verdad resulta admirable en el genio de Shakespeare es aquella atinada y segura elección de los argumentos empleados para el logro de una acabada realización artística y dramática en sus obras, usando de continuo los elementos familiares que le rodeaban, ofreciendo con sus elecciones y recreaciones sugerencias teatrales más ricas y fecundas que cuantas le había precedido. Dramas con un inconfundible sello personal que; sin embargo, poseían las cualidades precisas para ser gustados por los auditorios más di símbolos y aplaudidos tanto en los tablados públicos como en el teatro de la Corte. [4]
Los Mitos.
Existen muy pocos hechos documentados en la vida de William Shakespeare, Oscar René Cruz en “Biografía del genio Shakespeare” dice:
“Se puede afirmar que Shakespeare nació en //Stratford-upon-Avon//, tercero de ocho hijos, en abril de //1564//, y que a la edad de 18 años se casó con //Anne Hathaway//, con quien tuvo tres hijos y murió el 23 de abril de //1616//, poco antes de cumplir los 52 años”. [5]
“El único retrato de entre tantos” de Filiberto Gómez nos dice que nació en el seno de una familia humilde, siendo el tercero en una lista de ocho. Aunque de noble estirpe, su padre trabajó la mayor parte de su vida como carnicero, lo que no quitó que conservara el blasón familiar: un brazo empuñando una lanza. William trabajó en el matadero-carnicería desde muy joven, dedicándose con interés, al mismo tiempo, a la lectura. A los diecisiete años compuso su primera cuarteta. Esa misma noche conoció en una reunión de jóvenes amigos a Ana Hathaway, ocho años mayor que él, con la que se casaría poco después.
Acerca de su vida familiar antes y después de su matrimonio, estos dos autores coinciden en que fue el tercero de los ocho hijos que tuvieron John Shakespeare, un próspero comerciante que llegó a alcanzar una destacada posición en el municipio, y de Mary Arden, que descendía de una familia de abolengo.
Roberto Cortés, columnista de la pagina Ucraniana www.shakespeare.uk dramaturgo y traductor, publicó en una Biografía del poeta inglés que se cree nació cuando su familia vivía en la calle Henley de Stratford; no se conoce el día exacto, puesto que entonces sólo se hacía el acta del bautismo, el 26 de abril en este caso, por lo que es de suponer que naciera algunos días antes y no más de una semana, según era lo corriente. La tradición ha venido fijando como fecha de su natalicio el 23 de abril, festividad de San Jorge, tal vez por analogía con el día de su muerte, otro 23 de abril, en 1616, pero esta datación no se sustenta en ningún documento.
El padre de Shakespeare, que se encontraba en la cumbre de su prosperidad cuando nació William, cayó poco después en desgracia. Acusado de comercio ilegal de lana, perdió su posición destacada en el gobierno del municipio.
William Shakespeare cursó probablemente sus primeros estudios en la escuela primaria local, la Stratford Grammar School, en el centro de su ciudad natal, lo que debió haberle aportado una educación intensiva en gramática y literatura latinas. A pesar de que la calidad de las escuelas gramaticales en el período isabelino era bastante irregular, existen indicios en el sentido de que la de Stratford era bastante buena, la asistencia de Shakespeare a esta escuela es mera conjetura, basada en el hecho de que legalmente tenía derecho a educación gratuita por ser el hijo de un alto cargo del gobierno local; no obstante, no existe ningún documento que lo acredite, ya que los archivos parroquiales se han perdido. En esa época la Grammar School estaba dirigida por John Cotton, maestro de amplia formación humanística y supuestamente católico, ahí se impartían enseñanzas desde los ocho hasta los quince años y la educación se centraba en el aprendizaje del latín, porque en los niveles superiores el uso del inglés estaba prohibido. Para fomentar la soltura en la lengua latina, prevalecía el estudio de la obra de Ovidio y de Virgilio, y de Esopo traducida al latín, autores estos que Shakespeare conocía. [6]
Acerca de la vida de Shakespeare después de su matrimonio se saben muchas cosas, se tiene información sobre sus hijos, su vida productiva, y su desarrollo profesional incluyendo datos entorno a su vida productiva como dramaturgo, actor y director. Jennifer Basset nos dice, que el 28 de noviembre de 1582, cuando tenía 18 años, Shakespeare contrajo matrimonio con Anne Hathaway de 26, originaria de Temple Grafton, localidad próxima a Stratford. Dos vecinos de Anne, Fulk Sandalls y John Richardson, atestiguaron que no existían impedimentos para la ceremonia. Parece que había prisa en concertar la boda, tal vez porque Anne estaba embarazada de tres meses. Tras su matrimonio, apenas hay huellas de William Shakespeare en los registros históricos, hasta que hace su aparición en la escena teatral londinense. El 26 de mayo de 1583, la hija primogénita de la pareja, Susanna, fue bautizada en Stratford. Un hijo, Hamnet, y otra hija, Judith, nacidos mellizos, fueron asimismo bautizados poco después, el 2 de febrero de 1585; Hamnet murió a los once años, y solamente llegaron a la edad adulta sus hijas. A juzgar por el testamento del dramaturgo, que se muestra algo desdeñoso con Anne Hathaway, el matrimonio no estaba bien avenido.
Los últimos años de la década de 1580 son conocidos como los 'años perdidos' del dramaturgo, ya que no hay evidencias que permitan conocer dónde estuvo, o por qué razón decidió trasladarse de Stratford a Londres. Según una leyenda que actualmente resulta poco creíble, fue sorprendido cazando ciervos en el parque de Sir Thomas Lucy, el juez local, y se vio obligado a huir. Según otra hipótesis, pudo haberse unido a la compañía teatral //Lord Chamberlain's Men// a su paso por Stratford. Un biógrafo del siglo XVII, John Aubrey, recoge el testimonio del hijo de uno de los compañeros del escritor, según el cual Shakespeare habría pasado algún tiempo como maestro rural. [7]
En cuanto a la figura física del dramaturgo, se desconoce cuál de entre todos los retratos que existen de Shakespeare es el más fiel a la imagen del escritor, ya que muchos de ellos son falsos y pintados a posteriori a partir del grabado del First folio. La mayoría de los especialistas coinciden en que el llamado "retrato Chandos", que data de entre 1600 y 1610, en la National Portrait Gallery, en Londres, se considera el más acertado. En él aparece el autor a los cuarenta años, aproximadamente, con barba y un aro dorado en la oreja derecha.
La Realidad
Si bien es cierto que existe escasa información documentada, se debe reconocer también el trabajo de todos los recopiladores y estudiosos de la vida del poeta, quienes han conjuntado esfuerzos para regalarnos una vasta información que nos permita conocer ampliamente no solo la vida productiva del autor como dramaturgo, sino llegar más a fondo contextualizándolo, para una mejor comprensión de su obra.
Acerca de su vida personal, su familia y su desempeño como actor y productor teatral Halliday nos comenta que hacia 1592 Shakespeare se encontraba ya en Londres trabajando como dramaturgo, y era lo suficientemente conocido como para merecer una desdeñosa descripción de Robert Greene, quien lo retrata como "un grajo arribista, embellecido con nuestras plumas, que con su corazón de tigre envuelto en piel de cómico se cree capaz de impresionar con un verso blanco como el mejor de vosotros" [], y dice también que "se tiene por el único sacude-escenas del país" .
En 1596, con sólo once años de edad, murió Hamnet, único hijo varón del escritor, quien fue enterrado en Stratford el 11 de agosto de ese mismo año.
Hacia 1598 Shakespeare había trasladado su residencia a la parroquia de St. Helen, en Bishopsgate. Su nombre encabeza la lista de actores en la obra Cada cual según su humor (Every Man in His Humour), de Ben Jonson.
Pronto se convertiría en actor, escritor y finalmente, copropietario de la compañía teatral conocida como //Lord Chamberlain's Men//, que recibía su nombre, al igual que otras de la época de su aristocrático mecenas, el lord chambelán (//Lord Chamberlain//). La compañía alcanzaría tal popularidad que, tras la muerte de Isabel I y la subida al trono de Jacobo I, el nuevo monarca la tomaría bajo su protección, pasando a denominarse los //King's Men// ("Hombres del rey").
En 1604, Shakespeare hizo de casamentero para la hija de su casero. Documentación legal de 1612, cuando el caso fue llevado a juicio, muestra que en 1604, Shakespeare fue arrendatario de Christopher Mountjoy, un artesano calvinista del noroeste de Londres. El aprendiz de Mountjoy, Stephen Belott, tenía intenciones de casarse con la hija de su maestro, por lo que el dramaturgo fue elegido como intermediario para ayudar a negociar los detalles de la dote. Gracias a los servicios de Shakespeare, se llevó a efecto el matrimonio, pero ocho años más tarde Belott demandó a su suegro por no hacer entrega de la totalidad de la suma acordada en concepto de dote. El escritor fue convocado a testificar, mas no recordaba el monto que había propuesto.
Existen varios documentos referentes a asuntos legales y transacciones comerciales que demuestran que en su etapa londinense Shakespeare se enriqueció lo suficiente como para comprar una propiedad en Blackfriars y convertirse en el propietario de la segunda casa más grande de Stratford.
Shakespeare se retiró a su pueblo natal en 1611, pero se vio metido en diversos pleitos, como por ejemplo un litigio respecto al cercado de tierras comunales que si por un lado fomentaba la existencia de pasto para la cría de ovejas, por otro condenaba a los pobres arrebatándoles su única fuente de subsistencia. Como el escritor tenía cierto interés económico en tales propiedades, para disgusto de algunos tomó una posición neutral que sólo aseguraba su propio beneficio. En marzo de 1613 hizo su última adquisición en Londres, comprando por 140 libras una casa con corral cerca del teatro de Blackfriars, de cuya suma sólo pagó en el acto sesenta libras, pues al día siguiente hipotecó la casa por el resto al vendedor, y Shakespeare no hizo la compra a su solo nombre, sino que se asoció con William Johnson, John Jackson y John Hemynge, este último uno de los actores que promovieron la edición del First folio. El efecto legal de este procedimiento, según escribe el gran biógrafo de Shakespeare Sidney Lee, "era privar a su mujer, en caso de que sobreviviera, del derecho de percibir sobre esta propiedad el dote de viuda"; pero pocos meses después aconteció un desastre: se incendió el Teatro del Globo, y con él todos los manuscritos del dramaturgo, junto con su comedia //Cardenio//, inspirada en un episodio de //Don Quijote de La Mancha//; se sabe de esta obra porque el 9 de septiembre de 1653 el editor Humphrey Maseley obtuvo licencia para la publicación de una obra que describe como Historia de Cardenio, por Fletcher y Shakespeare; el citado Sidney Lee dice que ningún drama de este título ha llegado hasta nuestros días y que probablemente haya que identificarlo con la perdida comedia llamada Cardenno o Cardenna, que fue representada dos veces ante la Corte por la compañía de Shakespeare, la primera en febrero de 1613, con ocasión de las fiestas por el matrimonio de la princesa Isabel, y la segunda en 8 de junio, ante el embajador del Duque de Saboya, esto es, pocos días antes de incendiarse el teatro de El Globo.
En las últimas semanas de la vida de Shakespeare, el hombre que iba a casarse con su hija Judith — un tabernero de nombre Thomas Quiney — fue acusado de promiscuidad ante el tribunal eclesiástico local. Una mujer llamada Margaret Wheeler había dado a luz a un niño, y afirmó que Quiney era el padre. Tanto la mujer como su hijo murieron al poco tiempo. Esto afectó, no obstante, a la reputación del futuro yerno del escritor y Shakespeare revisó su testamento para salvaguardar la herencia de su hija de los problemas legales que Quiney pudiese tener.
Shakespeare falleció el 23 de abril de 1616, estuvo casado con Anne hasta su muerte y le sobrevivieron dos hijas, Susannah y Judith. La primera se casó con el doctor John Hall; sin embargo, ni los hijos de Susannah ni los de Judith tuvieron descendencia, por lo que no existe en la actualidad ningún descendiente vivo del escritor. [8]
Investigaciones recientes llevadas a cabo por científicos alemanes afirman que es muy posible que el escritor inglés padeciera de cáncer. [9]
Los restos de Shakespeare fueron sepultados en el presbiterio de la iglesia de la Santísima Trinidad de Stratford. El honor de ser enterrado en el presbiterio, cerca del altar mayor de la iglesia, no se debió a su prestigio como dramaturgo, sino a la compra de un diezmo de la iglesia por 440 libras (una suma considerable en la época). El monumento funerario de Shakespeare, erigido por su familia sobre la pared cercana a su tumba, lo muestra en actitud de escribir, y cada año, en la conmemoración de su nacimiento, se le coloca en la mano una nueva pluma de ave. Era costumbre en esa época, cuando había necesidad de espacio para nuevas sepulturas, vaciar las antiguas, y trasladar sus contenidos a un osario cercano, temiendo que sus restos pudieran ser exhumados, el propio Shakespeare compuso el siguiente epitafio para su lápida:
Buen amigo, por Jesús, abstente
de cavar el polvo aquí encerrado.
Bendito sea el hombre que respete estas piedras,
y maldito el que remueva mis huesos.[10]
CAPÍTULO SEGUNDO
LA VIDA PRODUCTIVA DEL DRAMATURGO
Cuando Shakespeare se inició en la actividad teatral, ésta se encontraba sufriendo los cambios propios de una época de transición. En sus orígenes, el teatro en Inglaterra era un espectáculo de tipo popular. Sus raíces se encuentran en la etapa medieval tardía en una triple tradición dramática: los "milagros " o "misterios", de temática religiosa y destinados a solemnizar las festividades de los diferentes gremios; las "obras morales", de carácter alegórico y representadas ya por actores profesionales: y los "interludios" cortesanos, piezas destinadas al entretenimiento de la nobleza.
Los nobles más destacados patrocinaban grupos de actores que llevaban sus nombres. Así surgieron, en la época isabelina, compañías como The Hundson Men (luego //Lord Chamberlain's Men//), //The Admiral's Men//, y //The Queen's Men//, entre las más relevantes. En ciertas ocasiones, estas compañías teatrales realizaban sus representaciones en el palacio de sus protectores aristocráticos. //The King's Men//, por ejemplo, después del apadrinamiento de la compañía por el rey Jacobo I, actuaban en la corte una vez al mes[]. Contar con el respaldo de un mecenas era fundamental para asegurar el éxito de la obra en el futuro.
Las obras se representaban al principio en los patios interiores de las posadas. Todavía en época de Shakespeare algunos de estos lugares continuaban acogiendo representaciones teatrales. Sin embargo, no resultaban muy adecuados para las representaciones, ya que a veces la actividad de la posada llegaba a dificultar las representaciones. Además contaban con la oposición de las autoridades, preocupados por los desórdenes y reyertas que allí se originaban, así como por las "malvadas prácticas de incontinencia" que allí tenían lugar. Estaba también en contra el factor de la higiene: la peste era muy frecuente y las reuniones multitudinarias no fomentaban precisamente la salud.
Por esos motivos fue surgiendo paulatinamente una legislación que regulaba la actividad teatral, y se fue haciendo más difícil conseguir licencias para realizar representaciones en las posadas. Esto propició la construcción de teatros fijos, más salubres, en las afueras de la ciudad, y la consolidación y profesionalización de la carrera de actor. El primer teatro, denominado //The Theatre//, se construyó en 1576. Más adelante se construyeron otros: //The Curtain//, //The Rose//, //The Swan// y //The Globe//. Este último, construido en 1599 y ubicado, como el resto, fuera de la ciudad, para evitar problemas con el Ayuntamiento de Londres, era el más famoso de todos, y fue el preferido de la compañía de la que formó parte William Shakespeare.
Todos estos teatros fueron construidos siguiendo el modelo de los patios de las posadas. Eran recintos de forma hexagonal u octogonal con un escenario medianamente cubierto que se internaba un poco hacia el centro de un arenal al aire libre circundado por dos o tres pisos de galerías. La plataforma constaba de dos niveles, uno a poco más de un metro respecto a la arena, techado y sujeto por columnas, y otro un poco más alto con un tejado en el que se ocultaba el aparato necesario para manejar la tramoya y maniobrar la puesta en escena. Podía llevar una bandera e incluso simular una torre. [11]
“Estos teatros tenían un aforo muy respetable. Se ha calculado, por ejemplo, que The Globe podía acoger a alrededor de 2.000 espectadores”. [12]
El oficio de autor dramático no estaba bien remunerado y todos los derechos sobre las obras pasaban a poder de las empresas que las representaban; por ello las obras sufrían con frecuencia múltiples refundiciones y adaptaciones por parte de varias plumas, no siempre diestras ni respetuosas, por no hablar de los cortes que sufrían a merced del capricho de los actores. El nombre del autor sólo se mencionaba (y frecuentemente con inexactitud) dos o tres años más tarde. Los escritores no disfrutaban, pues, del fruto de su trabajo, a menos que poseyeran acciones en la compañía, como era el caso de Shakespeare y otros dramaturgos que trabajaban conjuntamente y se repartían las ganancias.
Una de las características más importantes del teatro isabelino, y del de Shakespeare en particular es la multitud de niveles en las que giran sus tramas. Lo trágico, lo cómico, lo poético, lo terreno y lo sobrenatural, lo real y lo fantástico se entremezclan en mayor o menor medida en estas obras. Las transiciones entre lo melancólico y lo activo son rápidas y, frecuentemente, se manifiestan a través de duelos y peleas en escena que debían de constituir una animada coreografía muy del gusto de la época. [13]
Aunque no se conoce con exactitud la fecha de composición de muchas de las obras de William Shakespeare, su carrera literaria se suele dividir en cuatro periodos: 1) antes de 1594; 2) entre 1594 y 1600; 3) entre 1600 y 1608; y 4) desde 1608. Dada la dificultad para fechar con exactitud sus obras, estos periodos son aproximativos y están basados en que el autor extraía los temas de sus obras de crónicas de su tiempo, así como de cuentos y narraciones ya existentes, tal y como era costumbre en aquellos años.
Wilson Dover en su libro “El verdadero Shakespeare” divide el trabajo artístico del dramaturgo en cuatro importantes períodos.
PERIODO PRIMERO
Se caracterizó fundamentalmente por la experimentación. Sus primeras obras teatrales, al contrario de lo que ocurrió con sus obras de madurez, poseían un alto grado de formalidad y, a menudo, resultaban un tanto predecibles y amaneradas.
Probablemente, sus primeras obras fueron cuatro dramas que tenían como trasfondo los enfrentamientos civiles en la Inglaterra del siglo XV, un estilo muy popular en la época. Estas cuatro obras, Enrique VI, Primera, Segunda y Tercera parte (hacia 1590-1592) y Ricardo III (hacia 1593), tratan de las funestas consecuencias que para el país tuvo la falta de un liderazgo fuerte y de un proyecto nacional, debido al egoísmo de los políticos de la época. El ciclo se cierra con la muerte de Ricardo III y la subida al trono de Enrique VII, fundador de la dinastía Tudor, a la que pertenecía la reina Isabel. En cuanto a estilo y estructura, contienen numerosas referencias al teatro medieval y otras a las obras de los primeros dramaturgos isabelinos, en especial Christopher Marlowe, a través de los cuales conoció las obras del dramaturgo clásico latino Séneca. Esta influencia, que se manifiesta en sus numerosas escenas sangrientas y en su lenguaje colorista y redundante, especialmente perceptible en Tito Andrónico (hacia 1594), una tragedia poblada de justas venganzas, que posee una puesta en escena muy detallista.
Durante este primer periodo escribió numerosas comedias, entre las cuales cabe resaltar La comedia de las equivocaciones (hacia 1592), una divertida farsa que, imitando el estilo de la comedia clásica latina, basa su interés en los errores de identidad que provocan dos parejas de gemelos y los equívocos que se producen respecto al amor y a la guerra. El carácter de farsa ya no resulta tan evidente en La doma de la bravía (hacia 1593), una comedia de caracteres. Por otro lado, Los dos hidalgos de Verona (hacia 1594) basa su atractivo en el uso del amor idílico, mientras que Trabajos de amor perdidos (hacia 1594) satiriza los amores de sus personajes masculinos, así como su entrega a los estudios con el fin de no caer en las redes del amor. El modo en que están construidos sus diálogos ridiculiza el estilo artificial y redundante del novelista y dramaturgo John Lyly, las convenciones cortesanas de la época y, quizá, también las discusiones científicas de Walter Raleigh y sus seguidores.[14]
PERIODO SEGUNDO
En este periodo, marcado por una profundización en su individualidad como autor teatral, escribió algunas de sus obras más importantes relacionadas con la historia inglesa y las denominadas comedias alegres, así como dos de sus mejores tragedias. Entre las primeras cabe destacar Ricardo II (hacia 1595), Enrique IV, Primera y segunda parte (hacia 1597) y Enrique V (hacia 1598), que cubren un periodo de tiempo inmediatamente anterior al de su Enrique VI. La primera es un estudio alrededor de la figura de un débil, sensible y teatral, aunque agradable rey que pierde su reino en manos del que sería Enrique IV. En las dos partes de Enrique IV, éste reconoce sus culpas y expresa sus temores sobre su hijo, que le sucederá con el nombre de Enrique V, temores que se demuestran infundados porque éste demuestra una gran responsabilidad y sentido moral sobre sus deberes como monarca. En una magistral alternancia de escenas serias y cómicas, el obeso caballero Falstaff y el rebelde Hotspur ponen de manifiesto los dos extremos entre los que el príncipe encontrará el equilibrio. La introducción, en distintas proporciones, de elementos trágicos y cómicos para expresar amplios espectros de caracteres se convertiría en uno de los recursos favoritos del autor inglés.
Entre las comedias de este periodo sobresale Sueño de una noche de verano (hacia 1595), una obra plagada de fantasía en la que se entremezclan varios hilos argumentales centrados respectivamente en dos parejas de nobles amantes, en un grupo de despreocupados cómicos y en una serie de personajes pertenecientes al reino de las hadas, entre los que se encuentran Puck, el rey Oberón y la reina Titania. En El mercader de Venecia (hacia 1596), por otro lado, se puede encontrar otra sutil evocación de atmósferas exóticas similar a la de la obra anterior. En ella aparecen retratadas las cualidades renacentistas de la amistad viril y el amor platónico que se oponen a la amarga falta de humanidad de un usurero llamado Shylock, cuyas desdichas terminan despertando la comprensión y la simpatía del público. El tipo de mujer de ingenio rápido, calidez y responsabilidad personificado en Porcia reaparecería, más adelante, en las comedias alegres del segundo periodo, mientras que, por el contrario, la ingeniosa comedia Mucho ruido y pocas nueces (hacia 1599) deforma, según la opinión de muchos críticos, en el tratamiento un tanto insensible, a los personajes femeninos. Sin embargo, las comedias de madurez Como gustéis (hacia 1600) y Noche de Epifanía (hacia 1600) se caracterizan por su lirismo, su ambigüedad y por el atractivo de sus bellas, encantadoras e inteligentes heroínas. En Como gustéis, Shakespeare describe el contraste entre las refinadas costumbres de la corte isabelina y las de las áreas rurales del país de un modo rico y variado, aunque no excesivo, y construyó una compleja trama argumental basada en las relaciones entre la realidad y la ficción y entre los distintos personajes, trama que utilizó para comentar las distintas debilidades del género humano. En este sentido, Como gustéis se asemeja a Noche de Epifanía, en la cual el lado cómico del amor aparece ilustrado por las desventuras de dos parejas de amantes rodeadas de numerosos personajes secundarios que actúan como comparsas cómicos. Otra de las comedias de este segundo periodo, Las alegres comadres de Windsor (hacia 1599), es una farsa sobre la vida de la clase media en la cual reaparece el personaje de Falstaff como víctima cómica.
Dos grandes tragedias, muy distintas entre sí por su naturaleza, marcan el comienzo y el final de este segundo periodo. Por un lado, Romeo y Julieta (hacia 1595) muy famosa por su poético tratamiento de los éxtasis amorosos juveniles, pone en escena el trágico destino de dos amantes, forjado por la enemistad de sus familias y por lo temperamental de sus propios caracteres. Por el otro, Julio César (hacia 1599) es una tragedia sobre la rivalidad política, muy intensa, aunque en menor medida que las tragedias posteriores.[15]
PERIODO TERCERO
En él, el dramaturgo inglés escribió sus mejores tragedias y las llamadas comedias oscuras o amargas. Las tragedias de este periodo son las más profundas de todas sus obras y aquellas en las que la poesía de la lengua se convierte en un instrumento dramático, capaz de registrar las evoluciones del pensamiento humano y las distintas dimensiones de una situación dramática. Hamlet (hacia 1601), su obra más universal, va más allá de las otras tragedias centradas en la venganza, pues retrata de un modo escalofriante la mezcla de gloria y sordidez que caracteriza la naturaleza humana. Hamlet siente que vive en un mundo de engaños y corrupción, sentimiento que le viene confirmado por el asesinato de su padre y la sensualidad desenfrenada de su madre. Estas revelaciones le conducen a un estado en el que los momentos de angustia e indecisión se atropellan con frenéticas actuaciones, situación cuyas profundas razones continúan hoy siendo motivo de distintas interpretaciones.
PERIODO CUARTO
Comprende las principales tragicomedias románticas. Hacia el final de su carrera, el dramaturgo inglés creó numerosas obras en las que, a través de la intervención de la magia, la piedad, el arte o la gracia, sugiere con frecuencia la esperanza en la existencia de una redención para el género humano. Estas obras están escritas, por lo general, con una gravedad que las aleja de las comedias de los periodos anteriores, pero suelen tener finales felices en forma de reuniones o reconciliaciones. Estas tragicomedias basan parte de su atractivo en el carácter exótico y alejado en el tiempo de los escenarios en los que se desarrollan, y resultan mucho más simbólicas que cualquiera de las obras anteriores de su autor. Para muchos críticos literarios, las tragicomedias shakesperianas representan un giro de tuerca más en el desarrollo creativo del autor, aunque otros opinan que se debieron sólo a cambios acaecidos en las modas teatrales de la época.
La tragicomedia romántica Pericles, príncipe de Tiro (hacia 1608), retrata a un personaje abatido por la pérdida de su esposa y por la persecución de su hija. Tras innumerables y exóticas aventuras, el desagraciado Pericles consigue reunirse por fin con ambas. En Cimbelino (hacia 1610) y El cuento de invierno (hacia 1610), los personajes soportan también grandes sufrimientos aunque al final consiguen la felicidad. La más lograda, quizá, de las creaciones derivadas de este peculiar punto de vista sea la última de las obras que consiguió completar y aquella en la que alcanzó las más altas cimas de lirismo poético, La tempestad (hacia 1611), una tragicomedia a través de cuyo desenlace se pueden comprender los beneficiosos efectos de la alianza entre la sabiduría y el poder. En esta obra, Próspero, duque de Milán, expulsado de su reino por su hermano y condenado al exilio en una lejana isla, utiliza sus poderes mágicos para confundir al usurpador de su ducado y crear una relación de amor entre su propia hija, Miranda, y el hijo del rey de Nápoles, cómplice del golpe de Estado.
Dos obras finales, el drama histórico Enrique VIII (hacia 1613) y Los dos nobles caballeros (hacia 1613 y publicada en 1634), la historia de dos jóvenes caballeros enamorados de una dama, atribuidas a Shakespeare, parecen ser más bien fruto de su colaboración con John Fletcher.[16]
CAPÍTULO TERCERO
EL LEGADO DE SHAKESPEARE
Como ya es sabido, la falta de información acerca de la obra de William Shakespeare complica el estudio cronológico de su producción literaria, y es que de acuerdo al contexto donde se desarrolló el autor era difícil poder documentar, diversos aspectos de la vida cotidiana; sin embargo, los especialistas han realizado investigaciones minuciosas acerca de la cronología de la obra dramática de Shakespeare organizándola de acuerdo al genero y año de producción de la obra.
Jean Paris, en su obra “Shakespeare visto por si mismo”, nos informa acerca de la primera compilación de la obra dramática de Shakespeare y nos dice que ante la falta de manuscritos hológrafos y de fechas precisas de composición, se hace muy difícil el establecer una cronología bibliográfica shakesperiana. El First Folio, que reagrupa la mayor parte de su producción literaria, fue publicado por dos actores de su compañía, John Heminges y Henry Condell, en 1623, ocho años después de la muerte del autor. Este libro dividía su producción dramática en Historias, Comedias y Tragedias, y de él se hicieron 750 copias, de las que han llegado a nuestros días la tercera parte, en su mayoría incompletas. Gracias a esta obra se conservó la mitad de la obra dramática del autor, que no había sido impresa, pues Shakespeare no se preocupó en pasar a la historia como autor dramático.
El First Folio recoge exclusivamente obras dramáticas (no se encuentra en la edición ninguno de sus poemas líricos), en número de 36: 11 tragedias, 15 comedias y 10 obras históricas. No incluye algunas obras tradicionalmente atribuidas a Shakespeare, como las comedias //Pericles// y Los dos nobles parientes, ni la obra histórica //Eduardo III//. Mientras que en el caso de Pericles, parece bastante segura la participación de Shakespeare, no ocurre lo mismo con las otras dos obras, por lo que el número de títulos incluidos en el canon shakesperiano oscila, según las versiones, entre las 37 y las 39.[17]
A continuación presentamos una compilación de la producción dramática del genio ingles organizada de acuerdo al genero, tragedias, comedias y obras históricas extraídas de la obra “Shakespeare: Orden y Caos” del autor español Miguel Ángel Conejero.
Tragedias
Al igual que muchas tragedias occidentales, la de Shakespeare suele describir a un protagonista que cae desde el páramo de la gracia y termina muriendo, junto a una ajustada proporción del resto del cuerpo protagónico. Se ha sugerido que el giro que el dramaturgo hace del género, es el polo opuesto al de la comedia; ejemplifica el sentido de que los seres humanos son inevitablemente desdichados a causa de sus propios errores o, incluso, el ejercicio irónicamente trágico de sus virtudes, o a través de la naturaleza del destino, o de la condición del hombre para sufrir, caer, y morir..." En otras palabras, es una representación con un final necesariamente infeliz”.
Shakespeare compuso tragedias desde el mismo inicio de su trayectoria: una de las más tempranas fue la tragedia romana de //Tito Andrónico//, siguiendo unos años después //Romeo y Julieta//. Sin embargo, las más aclamadas fueron escritas en un período de siete años entre 1601 y 1608: //Hamlet//, //Otelo//, //El rey Lear//, //Macbeth// (las cuatro principales), y //Antonio y Cleopatra//, junto a las menos conocidas //Timón de Atenas// y //Troilo y Crésida//.
Muchos han destacado en estas obras al concepto aristotélico de la tragedia: que el protagonista debe ser un personaje admirable pero imperfecto, con un público capacitado para comprender y simpatizar con él. Ciertamente, cada uno de los personajes trágicos de Shakespeare es capaz de ejercer el bien y el mal. La representación siempre insiste en el concepto del libre albedrío; el (anti)héroe puede degradarse o retroceder y redimirse por sus actos. El autor, en cambio, los termina conduciendo a su inevitable perdición.
A continuación se listan las tragedias completas de Shakespeare, ordenadas según la fecha aproximada de su composición:
//Tito Andrónico// (1592)
//Romeo y Julieta// (1595)
//Julio César// (1599)
//Hamlet// (1601)
//Troilo y Crésida// (1602)
//Otelo// (1603-1604)
//El rey Lear// (1605-1606)
//Macbeth// (1606)
//Antonio y Cleopatra// (1606)
//Coriolano// (1608)
//Timón de Atenas// (fecha incierta)
Comedias
Entre las características esenciales de la comedia shakesperiana encontramos la vis cómica, la dialéctica de un lenguaje lleno de juegos de palabras, el contraste entre caracteres opuestos por clase social, sexo, género o poder (un ejemplo representativo sería La fierecilla domada, también traducida a veces como La doma de la bravía); las alusiones y connotaciones eróticas, los disfraces y la tendencia a la dispersión caótica y la confusión hasta que el argumento de la historia desemboca en la recuperación de lo perdido y la correspondiente restauración en el marco de lo natural. El panorama de la comedia supone además la exploración de una sociedad donde todos sus integrantes son estudiados por igual de forma muy distinta a cómo es vista la sociedad en sus obras históricas, montadas sobre la persecución maquiavélica del poder y el trastorno del orden cósmico divino que el rey representa en la tierra. Como galería de tipos sociales la comedia es, pues, un espacio más amplio en Shakespeare que el trágico y el histórico y refleja mejor la sociedad de su tiempo, si bien también resalta en este campo el talento del autor para crear personajes especialmente individuados, como el bufón y arquetipo de lo sanchopancesco llamado Falstaff.
Si bien el tono de la trama es con frecuencia burlesco, otras veces se encuentra latente un inquietante elemento trágico, como en El mercader de Venecia. Cuando trata temas que pueden desencadenar un trágico desenlace, Shakespeare trata de enseñar, a su modo habitual, sin tomar partido, proponer remedios ni moralizar o predicar en absoluto, los riesgos del vicio, la maldad y la irracionalidad del ser humano sin necesidad de caer en la destrucción que aparece en sus tragedias y deja a la Naturaleza el orden restaurador y reparador.
Los finales de las comedias son, por lo general, festivos y placenteros. Debe tenerse en cuenta que el lenguaje vulgar y de doble sentido, así como la magnitud de diversos puntos de vista, los cambios de suerte y el trastorno de las identidades, aportan un ingrediente infaltable que suele estar acompañado de sorprendentes coincidencias. La parodia del sexo, el papel del disfraz y el poder mágico de la naturaleza para reparar los daños y heridas ocasionados por una sociedad corrupta y sedienta de codicia son elementos trascendentes en la comedia shakesperiana.
El hombre cambia totalmente su forma de pensar y de actuar al refugiarse en lo salvaje y huir de la civilización, prestándose al juego de oposiciones. Cabe destacar, por último, que la esfera social que Shakespeare utiliza en sus obras, es quizás algo más reducida que la que encontramos en la mayoría de las comedias.
Tal como se ha dicho antes, el bufón —que era un personaje muy popular en la corte de la época— es el elemento inquebrantable sobre el cual el dramaturgo se siente más libre de expresar lo que piensa, teniendo en cuenta que las opiniones de una persona con estas características nunca eran consideradas como válidas —excusa perfecta para explayarse.
Se estima que la fecha de composición de las comedias de Shakespeare ha de girar en torno a los años 1590 y 1611, como punto de partida y culminación de su labor como escritor. La primera y menos elaborada fue Los dos hidalgos de Verona, seguida de El mercader de Venecia, Mucho ruido y pocas nueces, Como gustéis, El Cuento de Invierno, La tempestad, y otras tantas que se enumeran a continuación:
//A buen fin no hay mal principio//
//Como gustéis//
//El sueño de una noche de verano//
//Mucho ruido y pocas nueces//
//Medida por medida//
//La fierecilla domada//
//Noche de reyes//
//El mercader de Venecia//
//Las alegres comadres de Windsor//
//Trabajos de amor perdidos//
//Los dos hidalgos de Verona//
//La comedia de las equivocaciones//
Es importante dejar en claro que La tempestad junto a Cuento de invierno (1609), Cimbelino (1610) y Pericles (1607) son consideradas por muchos fantasías poéticas (romance), dado que poseen características que las diferencian del resto de las comedias.
Obras históricas
En el First Folio se clasifican como "obras históricas" exclusivamente las relacionadas con la historia, relativamente reciente, de Inglaterra. Otras obras de tema histórico, como las ambientadas en la antigua Roma, o incluso //Macbeth//, protagonizada por un auténtico rey de Escocia, no se clasifican en este apartado. Son once en total (o diez, si se excluye Eduardo III, modernamente considerada apócrifa). La fuente utilizada por el dramaturgo para la composición de estas obras es bien conocida: se trata de las Crónicas de Raphael Holinshed.
A continuación se ofrece una lista de estas obras ordenadas según la fecha aproximada de su composición
//Eduardo III// (The Reign of King Edward III; compuesta entre 1590 y 1594; publicada (anónimamente) en 1596).
//Enrique VI//
Primera parte (The First Part of King Henry the Sixth; compuesta hacia 1594. Su primera edición conocida es la del First Folio.)
Segunda parte (The Second Part of King Henry the Sixth; compuesta hacia 1594. Su primera edición conocida es la del First Folio.)
Tercera parte (The Third Part of King Henry the Sixth; compuesta hacia 1594. Su primera edición conocida es la del First Folio.)
//Ricardo III// (The Tragedy of King Richard the Third; compuesta hacia 1594; publicada en 1597).
//Ricardo II// (The Tragedy of King Richard the Second; compuesta hacia 1595; publicada en 1597).
//Enrique IV//
Primera parte (Henry IV, Part 1; compuesta hacia 1596; publicada en 1597 ó 1598)
Segunda parte (Henry IV, Part 2; compuesta hacia 1597; publicada en 1600)
//Enrique V// (Henry V; compuesta hacia 1597-1599; la primera edición conocida es la del First Folio).
//El rey Juan// (The Life and Death of King John; compuesta probablemente hacia 1597, ya que hay datos de su representación en 1598. Su primera edición conocida es la del First Folio).
//Enrique VIII// (The Famous History of the Life of King Henry the Eighth; compuesta en 1613; la primera edición conocida es la del First Folio).
Existen serias dudas sobre la autoría de la primera de la lista, Eduardo III. De la última, Enrique VIII, se cree que fue escrita en colaboración con John Fletcher, quien sustituyó a Shakespeare como principal dramaturgo de la compañía King's Men.
Ocho de estas obras están agrupadas en dos tetralogías cuyo orden de escritura no coincide con el orden cronológico de los acontecimientos históricos reflejados. La primera de estas tetralogías está formada por las tres dedicadas al reinado de Enrique VI (1422-1461), junto con la consagrada al ambicioso y terrible Ricardo III (que reinó en el período 1483-1485). Todas ellas fueron compuestas con toda probabilidad entre 1590 y 1594.
La segunda tetralogía, formada por Ricardo II, las dos partes de Enrique IV y Enrique V, retrocede en el tiempo. Se centra en los reinados de Ricardo II (1377-1399), Enrique IV (1399-1413) y Enrique V (1413-1422). Todas estas obras fueron compuestas en el período 1594-1597.
Habida cuenta de que gran parte del público era analfabeto, estas obras representaban una buena forma de comunicar la historia y fomentar, consecuentemente, el patriotismo y el amor por la cultura inglesa, así como de inculcar un sentimiento de rechazo hacia las guerras civiles. Además de brindar entretenimiento, las obras históricas reafirmaban y justificaban el poder de la monarquía ante quienes pudieran poner en cuestión su legitimidad. En el teatro de Shakespeare, el rey, como en la obra dramática de Lope de Vega, es el representante del orden cósmico en la tierra. Esto es lo que más tarde analizarían académicos de la talla de Greenblatt, centrándose en el discurso imperante y en la capacidad del teatro isabelino para asentar la autoridad real, mantener el orden y desalentar la subversión.
Dada la dependencia de las compañías teatrales con respecto de sus patrocinadores aristocráticos (y, en el caso de The King's Men, de la autoridad real), es lógico que se escribieran y representaran obras protagonizadas por personajes histórico pertenecientes a la nobleza y relevantes en la historia de Inglaterra. Es el caso de Enrique V, vencedor en la batalla de Agincourt de las tropas de Francia, la sempiterna rival de Inglaterra. Retomando hechos históricos destacados, obviando derrotas y exagerando el heroísmo de la victoria estas obras lograban que se acrecentase la devoción popular hacia la corona.
En los comienzos de la dramaturgia shakesperiana, la finalidad era legitimar la autoridad de la dinastía Tudor, entronizada en 1485, precisamente tras el derrocamiento de Ricardo III, uno de los personajes más abominables del teatro shakesperiano. La subida al trono de los Tudor había despertado ciertos recelos, tanto debido a su origen galés como a lo problemático de sus derechos al trono (aparentemente, Enrique VII, primer monarca de la dinastía, fundamentaba sus derechos en ser descendiente de la princesa francesa Catalina, viuda de Enrique V, que se volvió a casar unos años más tarde con Owen Tudor, un noble galés poco influyente en el ámbito de la monarquía nacional.)
No obstante, existen críticos que opinan que las obras históricas de Shakespeare contienen críticas veladas hacia la monarquía, disimuladas para evitar posibles problemas con la justicia. [18]
La Critica acerca de la vida y obra del gran dramaturgo ingles, esta dividida gracias a la falta de documentación en torno al contexto histórico y social de la época, y sobre todo la falta de información biográfica acerca de el mismo Shakespeare, sobre el cual, a pesar de que sabemos muchas cosas, muchas no las sabemos con certeza; sin embargo, ningún detalle acerca de cualquier punto en la escasez de información nos hace dudar acerca de la grandeza y genialidad de William Shakespeare.
CONCLUSIÓN.
Shakespeare no vive en el pasado, su legado lo mantiene vivo, su recuerdo lo materializa en la vida de todos aquellos que adentran en la dramaturgia, y aunque existen otros cientos de miles que no fijaron su vista en el por su dramaturgia, que lo descubrieron sin querer, que lo investigaron bajo obligación; encontraron en él no al poeta, no al artista, no al ser humano, encontraron en el un gran e importante pedazo de la historia universal.
Concluyendo esta monografía sobre William Shakespeare podemos concluir que la vida de Shakespeare y todo lo que nos ofreció, artísticamente hablando, nunca podremos comprender la compleja y sutil dramaturgia Shakesperiana, comprenderla del todo, pues siempre existirán cosas que exijan mayor objetividad y otras que no podrán ser tomadas en cuenta. Antes veíamos a Shakespeare como un dramaturgo más, un producto literario como cualquier otro, sin embargo, ahora lo podemos ver desde otro panorama, como un dramaturgo completo y complejo, como aquel hombre que le brindó al teatro una brillante aportación y riqueza dramática.
Es Shakespeare la máxima figura del teatro isabelino, es Shakespeare un genio de la dramaturgia, un maestro de las letras, una mente brillante, que aunque se ha visto expuesto a la duda, después de un trabajo como este hay lugar para todo, menos para ésta.
Es Shakespeare un genio en el arte de la elocuencia que nos ha brindado un legado lleno de belleza. Digno de respeto y admiración. No hay que ir tan lejos para ver que una figura tan grande como él pudo hacer lo que muchos no logran aunque se lo propongan, repercutir y tener impacto no sólo dentro de su entorno, sino más allá. Para quien gusta de la dramaturgia o del teatro mismo, una vida sin Shakespeare no sería la misma, una vida sin él sería un limbo, un misterio; pues sin esa mente fabulosa que, si bien no nos dio de manera primaria una obra, nos dejó historias que fueron más allá del papel mismo, historias que convirtieron letras en sucesos, en historias, en recuerdos. Shakespeare fue, es y será una figura única e irrepetible en la historia de la dramaturgia y el teatro universal.
Citando a Ben Jonson concluyo con una frase que resume tanto: “Shakespeare no era de una época, sino de todas las épocas”.
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[1] VON KLISSMAN, Karl Peter. www.wshakespeare.al/life.n.invest.html34.6j, 01 Marzo de 2008.
[1]Véase la polémica que tuvieron al respecto los Stratfordianos y los antistratfordianos. GUARDADO, Alejandro. //http://www.shakespeare-online.com///html.stratfordianos23. 28 de Febrero de 2008.
[2]GRANVILLE-BARKER H. et al. Shakespeare. Buenos Aires, Argentina, Emecé, 1952, 256 pp.
[3]CRUZ O., Oscar René. Biografía del genio Shakespeare. México, Publicaciones Cruz, 1982. pp 100-120.
[4]GRANVILLE-BARKER H. et al. Shakespeare. Buenos Aires, Argentina, Emecé, pp. 135-150.
[5]CRUZ O., Oscar René. Biografía del genio Shakespeare. México, Publicaciones Cruz, 1982. pp 7-10.
[6] CORTES, Roberto. http://www.shakespeare.org.uk/educacion.shakespeare.2. Marzo 2 de 2008.
[7] Basset, Jennifer. The life and times of William Shakespeare. Oxford : Oxford University Press, 1994, c1993. pp. 23-24.
[8]HALLIDAY, F.E. Shakespeare. Barcelona, España, 1984, Editorial Salvat, pp 92 Y 96.
[9]VON KLISSMAN, Karl Peter. www.wshakespeare.al/life.n.invest.html34.6j, 01 Marzo de 2008.
[10] HALLIDAY, F.E. Shakespeare. Barcelona, España, 1984, Editorial Salvat, pp 98-115.
[11]KNIGHT,Wilson, Shakespeare y sus obras. México, D. F.: 1979, Fondo de Cultura, pp. 135-137.
[12] PEREZ, Cándido. Shakespeare y la política. Madrid, España, 1971, Editorial Narcea, p.p. 300.
[13]KNIGHT,Wilson, Shakespeare y sus obras. México, D. F.: 1979, Fondo de Cultura, pp. 140-145.
[14]Biblioteca de Consulta Microsoft ® Encarta ® 2005. © 1993-2004 Microsoft Corporation.
[15]DOVER, Wilson, J. El verdadero Shakespeare. Buenos Aires, Argentina, 1964, Editorial Universitaria, 185 pp.
[16]Biblioteca de Consulta Microsoft ® Encarta ® 2005. © 1993-2004 Microsoft Corporation.
[17]PARIS, Jean. Shakespeare, visto por sí mismo. Madrid, España, 1970, Editorial Novelas y Cuentos, pp. 245.
[18]CONEJERO, Miguel Ángel. Shakespeare: Orden y Caos. Valencia España, 1975, N.E., pp. 216-231.